Trabajo en red y autogestión cooperativa

Marcelo Gutiérrez Lecaros – Diario El Centro, 10/04/2015

Resulta esperanzadora y motivante la multiplicación de iniciativas, acciones y espacios de encuentro levantados desde la autonomía y la autogestión de diversos colectivos en nuestra región. Resulta grato encontrase con ferias en las plazas, bandas en vivo, funciones de circo, talleres de salud integral, agro ecología, centros culturales activos ofreciendo espacios de formación y desarrollo personal, con una pro actividad  que no nace de un fondo concursable, sino de las ganas de abrir alternativas distintas a la hegemonía del libre mercado, la política mañosa y la farándula intrascendente.

Pareciera ser que la “proyectitis” que aquejara a la sociedad civil y la adormeciera en la burocrática ejecución de fondos concursables estatales, va siendo reemplazada por la emergencia de ideas frescas de colectivos capaces de ver más allá de un proyecto circunstancial y con vocación de verdadera transformación social. No se trata de no optar a fondos ni de restarse de incidir en la agenda pública, es más bien entender que primero se requiere una agenda propia, construida desde la autogestión y el empoderamiento comunitario.

No es casual que esto suceda en un contexto de creciente desconfianza hacia el sistema político. Desconfianza agudizada por la develada complicidad entre quienes gobiernan y los grandes acumuladores de riqueza, esos mismos que sostienen y alimentan una matriz económica basada en la competencia individual y la  desigualdad. Es decir, estas iniciativas -de resistencia- están dotadas de valentía (a veces de candidez) suficiente para comenzar a hacerse cargo de las incomodidades que nos produce el neoliberalismo acérrimo que aún nos gobierna. He ahí un primer paso.

El desafío es que todas estas acciones colectivas sean sostenibles en el tiempo, trascendentes y  más que una actividad feliz de fin de semana. Dentro de los obstáculos para avanzar y consolidar nos podemos encontrar con la absurda competencia de los espacios y el prejuicio, que nos impedirían construir redes colaborativas.

Así también, otro obstáculo a sortear es la gestión excesivamente centralizada en los líderes -no siempre legitimados-  lo que hace que las iniciativas dependan de las voluntades de pocos, que invierten tiempo y trabajo para entregar un beneficio a otros, lo que termina reproduciendo un modelo asistencial y jerárquico en desmedro de procesos más solidarios y cooperativos. De no atender a estos obstáculos podríamos estar reproduciendo pequeños sistemas autocráticos, mini mercados capitalistas y activismo circunstancial y desarticulado.

En definitiva, apostar por vías alternativas de asociatividad basadas en gestión autónoma requiere de valores que nos permitan mirar con admiración, humildad y complicidad a quienes trabajan en la misma línea, para “enredarnos” y potenciar cada acción. Y a la vez, requiere descentralizar la gestión y las decisiones, implementando estrategias económicas solidarias (valorización justa del trabajo, monedas sociales y trueque, por ejemplo) para que todos quienes se vinculan a estas acciones sostengan cooperativamente un proyecto de largo plazo, haciéndolo sustentable en lo social, lo económico y lo político. He ahí el próximo paso.

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