Mujer del Abya Yala

surmaule Columnas de opinión, Marcelo Gutiérrez Leave a Comment

Abya Yala es como el pueblo Kuna, originario de los territorios hoy ocupados por Panamá y Colombia, llamaba al continente americano antes de la llegada de los colonizadores europeos. Podría traducirse como tierra en plena madurez o tierra de sangre vital.

Cuando se celebra cada 5 de septiembre el día internacional de la mujer indígena, desde el discurso institucional –y también desde el sentido común hegemonizado por la modernidad occidental-  se tiende a  discursear con una mirada esencialista de los pueblos originarios y/o desde una  crítica feminista al patriarcado más bien eurocentrista (como lo plantea el feminismo descolonial o periférico, por ejemplo). Es por esto que me parece mucho más pertinente hablar de la mujer del Abya Yala, para incentivar una reflexión que supere la mera conmemoración protocolar y nos empuje a poner en discusión los proceso de colonización y dominación de los pueblos originarios y el importante rol de la mujer en la resistencia a la subyugación y usurpación de la madre tierra, usurpación que continúa hasta ahora. Algunos hablan de una segunda colonización, más bien se trata de una colonización sostenida durante siglos.

Resulta terrible que tanto el día de la mujer (8 de marzo), como el día internacional de la mujer indígena se establezcan para conmemorar horrendos maltratos y muertes de mujeres que se levantaron ante situaciones de opresión. En el caso de la mujer indígena se conmemora la muerte de Bartolina Siza, una mujer aymara que fue crucial en la resistencia de los pueblos andinos contra el yugo español en el Cuzco. Conmemorar la violencia parece ser  un reflejo de la historia de maltratos y falsas disculpas que muchas mujeres viven en su espacio íntimo, o de disculpas con promesas de reparaciones que nunca llegan en lo público; con discursos de igualdad, pero muy lejos de una equidad que aborde el tema desde las diferencias.

Este día podría ser una buena oportunidad para poner en discusión, por un lado, el tema de la colonización sostenida, desnaturalizando las muertes de mujeres que hoy siguen ocurriendo en Latinoamérica a causa de los intereses del capitalismo extractivista (como el caso de Berta Cáceres en Honduras), en el contexto de una humanidad que se supone moderna y “civilizada”, y que mira hipócritamente con distancia histórica el bárbaro descuartizamiento de Bartolina Siza. Sin ir más lejos, se requiere desnaturalizar la militarización del territorio mapuche, la usurpación de las tierras y la violencia explícita y simbólica ejercida por el Estado chileno hacia un pueblo ancestral que es tratado como un invasor en su propia tierra, el único pueblo arraigado del territorio.

Y por otro lado, también se requiere incorporar la mirada de la mujer del Abya Yala respecto a la discusión sobre género. Discusión que suele impulsarse desde el feminismo universal y no desde las formas de interpretar la realidad de los pueblos originarios. Aquí tenemos mucho que aprender, pues tendemos a emitir juicios sobre el patriarcado que no se comprenden desde cosmovisiones en que la dualidad hombre y mujer se concibe como una relación mágica, complementaria y virtuosa, y en dónde los roles comunitarios no se entienden desde las segregaciones impuestas por la sociedad mercantilizada que instaló el colonialismo.

En estos tiempos, en que se están poniendo de manifiesto los perjuicios de un sistema que -bajo el eufemismo de “sociedad de mercado”- ha sostenido la lógica del imperialismo, el feudalismo y la colonización, el terrible hecho histórico que nos recuerda a la mujer indígena nos invita a mirarla en su presente, para preguntarnos si la barbarie ha terminado y hacia dónde vamos avanzando. Así también, nos invita a explorar nuevas racionalidades y narrativas para explicarnos, comprender y actuar desde una comprensión mayor sobre el rol de la mujer del Abya Yala. En este sentido, durante un taller sobre cosmovisión, una mujer mapuche decía que se tendía a hablar mucho de recuperación de la memoria  ancestral, lo que le resultaba muy extraño, pues desde su punto de vista las comunidades nunca han perdido su ancestralidad y sus prácticas, más bien estas se han visto socavadas por el influjo de la sociedad moderna. Ella, mujer del Abya Yala, desde una hermosa metáfora, prefería hablar de la remineralización de la memoria y las prácticas ancestrales.

 

Marcelo Gutiérrez Lecaros

ONG Surmaule