Asamblea Constituyente, por una ciudadanía real.

Catherina Olivares Arias – El Centro, 13/11/2013

Una posición que ha marcado el debate en las candidaturas presidenciales de este año es su cercanía o lejanía con la idea de una Asamblea Constituyente. Unos con más entusiasmo que otros, los candidatos se han referido al tema desde diversas posturas que hablan mucho del tipo de gobierno que esperan implementar y, de paso, establecen el tipo de relación que esperan mantener con los ciudadanos.

Desde articulaciones ciudadanas de diversas orientaciones se ha propuesto la campaña MARCA TU VOTO, que consiste en escribir las iniciales AC (Asamblea Constituyente) en la papeleta, con la intención de enviar un mensaje claro y contundente a los próximos gobernantes acerca de la posibilidad de cambiar la Constitución chilena que nos ha regido desde 1980.

Una Asamblea Constituyente implica la reunión de personas, de carácter nacional, con el objetivo de organizar el conjunto de regulaciones y orientaciones que deben regir la relación entre los gobernantes y los gobernados, con la intención de ejercer la autoridad soberana de los ciudadanos, para mejorar tanto la distribución del poder como el funcionamiento del sistema político y social.

En el caso chileno, la asamblea o congreso constituyente se propone como la conformación de un organismo dotado de plenos poderes al que deben someterse todas las instituciones públicas y que tendría como función principal, redactar una nueva Constitución.  Esta asamblea simbolizaría la heterogeneidad de ciudadanos, que amparados en su facultad, podría legislar para transformar leyes fundamentales y lograr que el Estado se encuentre mejor representado.

Por este motivo, no es extraño que la idea de una Asamblea Constituyente surja justo en un momento en que Chile parece encontrarse mejor preparado y dispuesto a establecer este mecanismo como un acto democrático y popular, con la firme intención de configurar un nuevo modelo de organización del Estado, que disminuya las desigualdades y promueva la participación activa de ciudadanos con verdadero poder de decisión.

¿Por qué será, entonces, que muchos candidatos (presidenciables y parlamentarios) que transmiten en sus discursos su interés por los ideales democráticos y reconocen que Chile requiere y merece un gobierno ciudadano “de tomo y lomo”, todavía sientan temor y desconfianza por lo que los propios ciudadanos quieran decir y cambiar de este país?

Probablemente porque más de alguno se sentirá incómodo y reconoce como una amenaza para sus propios intereses que los ciudadanos aborden temáticas profundas y manifiesten la necesidad de realizar transformaciones radicales que cambiarían las estructuras básicas, tal como las conocemos hoy.

En estas elecciones 2013, la pregunta más importante no debiera ser ¿por quién votar para presidente/a?, sino, ¿en qué tipo de gobierno será posible que mi voz se escuche incluso después del día de las elecciones? Es tiempo de que Chile cuente con una Constitución que se adecúe a los tiempos, que elimine el más importante vestigio de la Dictadura Militar y que constituya un poder ciudadano para gobernar para y por todos los ciudadanos.