Asociatividad tradicional en el Secano del Maule

Stefano Micheletti – Diario El Centro, 29/05/2013

La zona del Secano Costero y del Secano Interior de la Región del Maule ha sufrido en las últimas cuatro décadas una serie importante de cambios, que han transformado la forma de habitar el territorio: la llegada del sistema neoliberal  acompañado por el complejo industrial forestal, la migración campo-ciudad sin solución de continuidad, el Estado que ha ampliado la cobertura de servicios, la actoría social que ha cambiado de referentes, etc. etc.

Con ello, han cambiado también las relaciones asociativas de quienes habitan allí, reflejándose la variedad de funciones que hoy día la ruralidad está llamada a ejercer: al igual que en lo urbano, se pueden visualizar diferentes tipos de asociatividad, tanto a nivel funcional como territorial: religiosa, vecinal, en vivienda, recreativa y cultural.

Sin embargo, es posible seguir encontrando a la vez formas asociativas más  tradicionales, ligadas sobre todo al ámbito productivo, típicas de algunas labores desarrolladas en forma conjunta por los campesinos y pequeños agricultores.

Una de las más comunes es la “vuelta de mano” (o “echar de mano”), que se identifica como una labor comunitaria muy similar al mingaco o minga de origen mapuche, y permite contar con un equipo para realizar trabajos en el ámbito silvoagropecuario. Dicha actividad grupal surge de forma bastante espontánea y no planificada, sobre todo entre familiares o vecinos. En la práctica, consiste en la ayuda de algunas personas hacia otras, en el desarrollo de una actividad agrícola con la sola retribución del alimento diario y una obligación de palabra a devolver la ayuda en otra oportunidad. A veces se paga con los mismos productos que se cosechan.  Se trata de una típica expresión de capital social, un do ut des  que se perfeccionará a futuro y que mantiene en constante relación a los involucrados.

Los trabajos que normalmente se realizan a través de esta dinámica son la siembra, el desmalezado y la pica, la cosecha y la trilla. Naturalmente, eso pasa en especial donde hay extensiones de tierra relativamente grandes, en cultivos de trigo, maíz, papa, poroto y de chacras en general. La misma dinámica surge también en específicas tareas ganadera, como por ejemplo la esquila.

Otra práctica es la mediería, presente en el Secano Interior en una forma modificada de la tradicional, que constituye un  contrato agrícola de asociación en el cual el propietario de un terreno rural – llamado concedente – y un agricultor –mediero-, se dividen generalmente en partes iguales, el producto y las utilidades de un predio agrícola.

En primer lugar, y como en el caso de la vuelta de mano, se trata de un contrato de palabra; además, se establece actualmente – en la mayoría de los casos – entre personas del mismo nivel socio-económico, sobretodo en el caso de campesinos que tienen tierra, pero que carecen de salud para labrarla o mano de obra familiar. Estos agricultores ceden una parte del propio predio a otro para que lo trabaje; los gastos relativos a los insumos (abonos, fertilizantes, semilla, etc.) son compartidos y la producción se divide a mitad entre el concedente y el mediero.

Además del ámbito agrícola, también otros rubros utilizan formas asociativas tradicionales similares; entre ellos destacan la ganadería menor (algunos propietarios de ovejas prestan sus animales a otros campesinos para que se agreguen a sus rebaños, y comparten la producción de carne y lana), la apicultura (donde el concedente ofrece el espacio para que un apicultor coloque sus colmenas, y se comparte la producción de miel, normalmente 1 kg de miel por cada colmena ) y la producción de carbón, donde el dueño de un sector de bosque entrega la madera a quién tenga las herramientas para hacer carbón y se comparte la producción al 50%.

Estas prácticas asociativas tradicionales, si bien han ido disminuyendo con el tiempo producto de los procesos de industrialización y de los efectos de la economía neoliberal en general, deben ser valoradas, visibilizadas y relevadas en el ámbito del fomento productivo, ya que lejos de ser expresión de una forma de vida residual, son parte constituyente del componente identitario local que tiñe las prácticas y relaciones da toda una región.