Colusión y acciones micropolíticas

Marcelo Gutiérrez Lecaros – Diario El Centro, 03/11/2015

A propósito de la colusión de las papeleras nos podemos encontrar a diario en las redes sociales con campañas que llaman a no comprar las marcas involucradas. La pregunta que surge es si estas manifestaciones nacen desde el consumidor que se siente estafado o desde el ciudadano que busca realizar una acción política. No es raro que en un país tendiente a la despolitización interpretemos estos abusos sólo en el campo de las reglas del libre mercado y no en el ámbito de la configuración de poderes que manejan al país, sintiéndonos más estafados que violentados por el sistema económico y político.

En el ámbito de la política, cabe preguntarse por qué en el año 2003, en pleno gobierno socialista, se deroga el decreto 211, que desde diciembre de 1973 –en plena dictadura e implementación de políticas neoliberales- establecía penas de cárcel para quienes estuvieran involucrados en delitos que transgredieran las reglas del libre mercado. Si colusión implica ponerse de acuerdo entre partes para actuar de manera monopolística y así impedir que otros entren al mercado, no es difícil imaginarse los acuerdos entre la clase política y el sector empresarial para dejar a la ciudadanía fuera del mercado de la política. Nuestro modelo de desarrollo está mediado por decisiones políticas, de las cuales la ciudadanía participa de manera marginal.

Es por esto que las acciones de “funa” o de sanción a través de microacciones, como no comprar determinadas marcas o en determinados lugares, requieren ser realizadas con una visión estratégica que vaya más allá de la sensación de sentirse despojado de dinero. Cuando pasan estas cosas estamos siendo despojados de poder, por lo tanto la microacción que emprendo debe ser interpretada no sólo como un acto testimonial de castigo al empresario, sino como una manifestación de descontento con el sistema político y económico que permite estos abusos.

La acción micropolítica se constituye en una estrategia de resistencia al poder, la que no es necesariamente pensada en términos violentos. Busca luchar en lo micro, porque es allí donde más se reproducen las formas fascistas del capitalismo. Se pueden implementar de manera individual o colectiva -aunque se potencian al colectivizarlas- y pueden pensarse en todas las esferas de nuestra vida; disminuir el consumo en una sociedad de consumo ya es una acción micropolítica si lo hacemos con conciencia de transformación, por ejemplo.

Si hacemos una lista de todas las cosas que nos incomodan o quisiéramos cambiar de nuestra sociedad, nos daríamos cuenta de la gran cantidad de microacciones que se pueden realizar para resistirse a la monopolización del poder.
Disminuir la basura, hacer un huerto, ahorrar energía, preferir el pequeño comercio, apostar por la autogestión comunitaria y el cooperativismo, participar en organizaciones y colectivos. Desde firmar una carta ciudadana en contra de tratados económicos nefastos (como el TPP) hasta dar un abrazo sincero, son acciones que pueden ir en la vía contraria del crecimiento deshumanizado que impulsa el actual modelo económico y político; para que desde lo micro y la incorporación de “buenas prácticas” a nuestra vida cotidiana podamos tensionar la transformación social.

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