¿Cuánto participamos construyendo territorios?

Marcelo Gutiérrez Lecaros – Diario El Centro, 02/10/2013

Suponiendo que usted es propietario(a) de una vivienda, ¿Cómo reaccionaría si un día llegara a su casa después del trabajo y sin aviso previo se encontrara con una cuadrilla de obreros construyendo una ampliación? Esta pregunta, que a menudo planteo en talleres de Participación, ha provocado respuestas diversas, las que en general se podrían clasificar en tres grupos: a) Sería extraño, pero los dejaría continuar, b) Me alegraría, sobre todo si es gratis y c) Detendría la obra, pues a mí nadie me preguntó nada.

Luego de un rato de discusión, en que las dos primeras opciones resultan ser mayoría, apareciendo incluso la teoría de haber sido favorecidos por la suerte, les planteo que  la obra será cancelada descontando el monto de una cuenta bancaria que contiene los ahorros de toda la familia, o sea, la ampliación no es gratis ni regalada.

Ahí el descontento se generaliza; “¿A quién le preguntaron?” “¿En qué consiste la ampliación?” “¿Quién tomó la decisión?”, “No era mi prioridad de gasto”. No obstante, el foco del descontento parece ser  mayoritariamente la ocupación sin consentimiento de “mi plata” más que la ocupación de “mi casa”.

Ahora, ¿Cómo reaccionaría usted si llegara a su barrio y sin aviso previo se estuviera construyendo una carretera, una plaza, un mall, una industria? ¿Podría el ejemplo de la casa asemejarse a lo que pasa con nuestros barrios y ciudades? ¿Qué intereses y qué poderes predominan en la planificación y construcción de nuestros territorios?

Desde el ámbito de las políticas públicas, la inclusión de participación ciudadana en el Sistema Nacional de inversiones y en el Sistema de Evaluación de impacto Ambiental, a pesar de normar la inclusión de los habitantes, resulta estar lejos de una participación empoderada e incidente, salvo casos excepcionales catalogados como “buenas prácticas”. En otras ocasiones, las vías no institucionalizadas como la protesta pública, muchas veces tras la instalación en el territorio de la obra, terminan teniendo mejores resultados políticos. En estos últimos casos  una ciudadanía organizada parece ser la constante.

Vemos muchas veces, incluso con satisfacción, como se amplían las avenidas, se remodelan espacios públicos, se demuelen las viejas casas de adobe para que se instale por fin “la modernidad” en nuestras ciudades aspiracionales. Sin duda estas obras impactarán nuestro sistema de vida, pero aun así nos mantenemos como inconsultos espectadores de la construcción de nuestros territorios.