Des-aprender para construir una nueva sociedad

por Víctor Villar. ONG Surmaule

En lo que respecta a la educación, son fundamentales los aportes que provienen desde las ciencias biológicas, psicológicas y lingüísticas, entre otras, para construir un enfoque más integral, que considere la importancia de las emociones y no la reducción del aprendizaje a sólo procesos cognitivos y neurológicos.

Desde esta visión integral, cada acción desplegada desde el cuerpo, la emoción y el lenguaje, va construyendo realidad y representaciones sociales desde una posición histórica, ética y política. Surge entonces la necesidad de comprender el rol que cumple la educación en la emergencia de nuevas representaciones y en las apuestas de transformación social.

Siendo la educación formal un instrumento para mantener la hegemonía, podríamos decir que las representaciones sociales se están construyendo hoy desde la sociedad de mercado, lo que nos lleva a preguntarnos acerca del tipo de persona que se está formando desde ahí.

Podemos observar los valores que se están inculcando en las familias, desde las aulas, las empresas y los medios de comunicación, en dónde no es raro escuchar hablar de individualismo, exitismo, ambición y competencia. Si entendemos que estos valores empiezan a mediar en nuestras conductas cotidianas, resulta fácil entender por qué nuestro entorno social está marcado y sometido a violencia, desconfianza, luchas de poder y apatía.

Según Maturana el fenómeno de competencia que se da en el ámbito cultural humano, y que implica contradicción y negación del otro, no se da en el ámbito biológico. Los seres biológicos no compiten, se deslizan unos entre otros y con otros en congruencia recíproca para conservar su autopoiesis y su correspondencia con un medio que incluye la presencia de otros, sin negarlos (Maturana, H. 1992,  Pág. 19).

Lo anterior nos da una clave para cuestionar y revertir lo que nos está ofreciendo la sociedad de mercado. Reencontrarnos con valores y emociones que están en sintonía con la naturaleza humana, como la colaboración y el amor, permite abrirnos a nuevas posibilidades para vivir y para organizar nuestra sociedad.

Desde el trabajo comunitario que ha sostenido ONG Surmaule en nuestra región, el equipo de profesionales ha debido aprender a facilitar interacciones de aceptación mutua entre individuos que habitan y construyen comunidad desde diversos roles. Esto implica la promoción de instancias horizontales e inclusivas, junto a procesos de resignificación y educación en valores, los que están orientados a la vida en comunidad, favorecen el diálogo y permiten la creación de vínculos humanos, facilitando escenarios virtuosos que permitan dar paso a la imaginación, la participación, la cooperación, la confianza y el juego; acciones que van marcando el ritmo de cada intervención.

La convicción transformadora está en que podemos construir nuevos espacios para vivir y convivir bien, y con esto, nuevas representaciones sociales acerca de los otros. Para la construcción de estos nuevos espacios de interacción, los procesos formativos, inspirados en la educación popular, son herramientas políticas que no dejan de estar sometidas a las influencias y presiones del entorno sociocultural hegemónico, por lo que a su vez, se convierten en una poderosa acción de resistencia.

De ahí la importancia de que la acción educativa sea realizada en cada intervención comunitaria, pues ahí es donde surgen nuevas representaciones sociales transformadoras, orientadas al diálogo y la cooperación.

El desafío es lograr modificar estructuras; en la escuela, la familia, en el barrio y en la empresa. Construirnos sobre realidades emocionales auténticas, permitiéndonos visualizar respuestas alternativas, creativas y saludables a los problemas de siempre. Parece necesario des-educarnos y volver a educarnos para construirnos como personas más equilibradas, humanas y felices.

 

 

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