DESAFÍOS Y APUESTAS DE LA CIUDADANÍA MIGRANTE

Por Emilia Marzullo. ONG Surmaule

La migración en Chile es un fenómeno bastante reciente, siendo que solo en la última década nuestro País ha empezado a aparecer en el mapa de las migraciones internacionales. Según la última encuesta CASEN del 2015, los inmigrantes residentes representaban el 2,7% de la población nacional y en el mismo año en la Región del Maule vivían alrededor de 5000 extranjeros (0.5% de la población regional y 1.2% del total nacional). En relación a los últimos años, no se tienen datos oficiales sobre la cantidad de inmigrantes que vive en el Maule. A pesar de esto, hoy en día se estima que la mayoría de ellos procede de Haití, Venezuela, Colombia y Ecuador.

Más allá de los números y datos duros, es interesante detectar que esta “nueva ola migratoria” se caracteriza por ser substancialmente latinoamericana, a diferencia de las inmigraciones históricas de Chile que procedían por lo general desde Europa. Al mismo tiempo, es importante analizar este fenómeno desde los cambios y apuestas que genera: la población migrante llega con una serie de costumbres, visiones y culturas que pueden nutrir y potenciar la sociedad que los acoge. Además, desde el enfoque de la interculturalidad, la coexistencia de más culturas en un mismo territorio es sinónimo de riqueza e intercambio horizontal y tiene el objetivo de construir una sociedad más acogedora, equitativa y respetuosa de las diversidades culturales.

Sin embargo, una de las formas de actuar como sociedad intercultural es fomentar la difusión de espacios de reflexión ciudadana, en donde todas y todos puedan aportar desde sus vivencias y necesidades. Este ejercicio de profundización democrática es más valioso aún cuando pensamos que los migrantes, más allá de sus nacionalidades de origen, son sujetos de derechos y deberes y, por consiguiente, se consideran ciudadanos y ciudadanas de facto. Esto último es un concepto bastante novedoso, siendo que la noción de ciudadanía como se entiende hoy en día en las democracias modernas es más excluyente que integradora, ya que el estatus de ciudadano no se reconoce a la mayoría de los inmigrantes que vive en un País extranjero, además de no proporcionar adecuadas medidas para el reconocimiento de sus derechos fundamentales.

En el presente, es necesario gestar acciones que concilien momentos de participación ciudadana entre población nacional y extranjera,  para disminuir las brechas del respeto de los derechos humanos que existen entre las dos. El desafío que hemos tomado desde la ONG Surmaule es crear una Escuela de Ciudadanía Migrante en el marco del proyecto “Promoción de la inclusión social de la comunidad inmigrante en la Región del Maule”, financiado por el Ministerio de Desarrollo Social y apoyado por la Mesa de Asuntos Migratorios. El objetivo es promover el empoderamiento de la comunidad inmigrante desde la perspectiva de derechos,  fortaleciendo el acceso a la información, el establecimiento de redes sociales y la convivencia positiva con la comunidad nacional.

Por consiguiente, la invitación es empezar a pensarnos como sociedad intercultural  que reconozca y valore la grandeza de las variedades culturales que habitan nuestros territorios. Para ello, es necesario promover la actoría social y política de los inmigrantes no solo en temas relacionados al fenómeno migratorio en sí, sino en todos los asuntos que interesan la comunidad. De esta forma, será posible impulsar una ciudadanía real y activa, que es garantía fundamental de la vida democrática de un País.

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