Desigualdad y ejercicio de derechos

Elvira Valdivieso – Diario El Centro, 30/11/2016

Un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que Chile sigue siendo el país más desigual en términos de ingreso entre los que integran este organismo.

Resulta revelador, por ejemplo, que el nivel actual del salario mínimo en Chile no sea suficiente para que una familia logre salir de la línea de la pobreza.  La última encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) señaló que la línea de la pobreza para un hogar de 4 personas es de $361 mil, sin embargo, el salario mínimo en Chile sólo llega a los $276 mil.  Se requerirían más de 70 horas semanales de trabajo para que con un solo ingreso se pueda escapar de esta línea.  Esto es aún más dramático en la región del Maule, donde el 50% de las personas gana menos de $229.131.

El problema de los bajos ingresos se hace más grave en un modelo económico como el de nuestro país, el que condiciona el ejercicio de los derechos (y su grado de satisfacción) al nivel de ingreso que se tiene. Porque es en función de nuestros ingresos y no de estándares básicos comunes que se puede acceder a una buena o mala educación, a un buen o mal servicio de salud, una buena o mala vivienda en una buena o mala ubicación dentro de la ciudad. No solo somos un país desigual, también somos un país donde las políticas públicas no han logrado equiparar adecuadamente la cancha para que esa desigualdad no sea determinante de la trayectoria vital de nuestros niños y niñas.

El 50% de los maulinos que gana menos de $229.000 líquidos mensuales no tiene mucha libertad para tomar decisiones. Por ejemplo, no decide donde vivir, que educación o tipo de salud tener. No existe allí posibilidad alguna de ejercer las libertades que el mismo sistema capitalista neoliberal pregona como fundamentales. ¿Hasta qué punto estas personas tienen garantizada su ciudadanía? Es decir, ¿el ejercicio de derechos que los hacen parte de una comunidad de iguales?

Todo el entramado ideológico que sostiene que la libertad es un principio que debe estar por encima de la igualdad se tambalea cuando evidenciamos que para funcionar, la libertad requiere mínimos de igualdad. Hoy en Chile no los tenemos.

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