Día Internacional de la Mujer Indígena

Catherina Olivares Arias – Diario El Centro, 03/09/2014

Cada 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, en recuerdo de Bartolina Sisa, una mujer aymara, líder en la lucha contra la explotación de los conquistadores españoles sobre los pueblos originarios de América del Sur.

Bartolina nació en 1753 en una comunidad llamada Sullkawi de Ayllu. Desde temprana edad, mientras se dedicaba junto a su familia al comercio de la hoja de coca y tejidos, conoció de cerca y empatizó con las injusticias que vivían los pueblos originarios, sometidos ante la opresión de los conquistadores. En principio, fue testigo silenciosa de los abusos cometidos en contra de las comunidades, pero más adelante fue tomando mayor protagonismo al participar activamente en el movimiento precursor de la independencia.

Cuando tenía 25 años, se casó con Tupac Katari, un caudillo de quien se enamoró y con quien compartía ciegamente sus convicciones acerca de la necesidad de emanciparse de la explotación. Esta pareja de líderes indígenas fueron, junto a otros, muy relevantes en la cruzada y quienes desempeñaron un papel primordial.  Bartolina, con sus habilidades de liderazgo e inteligencia, sumadas al arrojo y valentía, organizó batallones de guerrilleros y grupos de mujeres que colaboraron con la resistencia en las regiones del norte del Perú, con cerca de cien mil hombres y mujeres que se levantaron en armas contra la explotación española.

Pero a pesar de sus nobles intenciones, fue traicionada por algunos de sus compañeros. En julio de 1782, fue emboscada y llevada a La Paz. Allí, luego de ser recibida con insultos y pedradas, fue apresada y mantenida como rehén para atrapar a Tupac Katari. Una vez asesinado el esposo, Bartolina fue sentenciada a muerte, no sin antes ser torturada. Una vez  ahorcada, fue descuartizada y su cabeza y extremidades fueron exhibidas en distintos lugares “para escarmiento de los indios”, según las órdenes, con la firme determinación de amedrentar a las comunidades que intentaban oponerse a los abusos de los colonizadores.

Y así, aun cuando ya han pasado más de 200 años de este intento por apagar la voz de las comunidades indígenas, parece ser que hoy, ese escarmiento se convierte más en un grito de guerra, en una arenga no solo para las mujeres de los pueblos originarios de América, sino un llamado vigoroso a denunciar el abuso del que hemos sido objeto desde hace siglos. ¡Jallalla, Bartolina! … Tu grito sigue oyéndose entre las montañas.