Educación Pública, barrios e integración social

Francisco Letelier Troncoso – Diario El Centro, 22/01/2015

El primer proyecto de la reforma educacional, el de Inclusión, afirma el derecho al acceso sin discriminaciones y  fortalece la capacidad del sistema educativo para producir integración social.  Junto al de Inclusión, uno de los proyectos más esperados es el de fortalecimiento de la educación pública. Si bien hay estudios que demuestran que en términos de proceso educativo no existen diferencias importantes entre educación municipalizada y particular subvencionada (los resultados tienen más que ver con el contexto socio económico de los niños), su imagen está sumamente deteriorada, cuestión que se expresa en su matrícula.

¿Cómo se puede explicar este deterioro? Al menos de dos formas. Primero, a partir de lo difícil que resulta el proceso educativo cuando se hace cargo de problemas que la misma sociedad provoca en las familias y sus niños: las escuelas públicas son más conflictivas porque se hacen cargo de los conflictos. Y segundo, por el afán de distinción de muchas familias, es decir, la búsqueda “nivelar hacia arriba”.

Esta segunda causa tiene a su vez distintas explicaciones. Una de ellas se vincula a los procesos de segregación y precarización urbana que Chile ha vivido en los últimos 40 años. Una cosa es que una familia de clase media quiera que sus hijos estudien en colegios de “mejor nivel social”, pero otra muy diferente, es que una jefa de hogar que vive en una población muy vulnerable, quiera que su hijo vaya a un colegio ubicado fuera del barrio, sea público o particular subvencionado. Aquí la distinción importante no está entre la educación subvencionada versus municipalizada, sino que entre la educación dentro y fuera de un barrio donde la gente no quiere vivir.

La estrategia de fortalecimiento de la educación pública no puede perder de vista que muchas escuelas y liceos están localizados en sectores de tal precariedad urbana y social, que cualquier oferta que en ellos se instale es considerada de mala calidad. Eliminar el copago sin considerar este elemento, podría implicar que muchos de estos establecimientos bajen bruscamente su matrícula, puesto que el segmento que antes no podía pagar, ahora podrá llevar a sus hijos a estudiar fuera del barrio con cargo al fisco.

Dado lo anterior, una política de fortalecimiento de la educación pública debe considerar acciones complementarias en el territorio: mejoramiento del espacio público, de las relaciones comunitarias, de la infraestructura, de las condiciones ambientales y habitacionales, entre otras. Este es un desafío de articulación intersectorial muy relevante que, de paso, interpela a la política pública respecto a la relación que existe entre el proceso educativo y el territorio en que se habita. ¿Cómo pueden las escuelas y liceos apoyar procesos de mejoramiento de los barrios? ¿Cómo puede la comunidad participar del proceso educativo de sus miembros más jóvenes?

Creemos que este dilema invita a considerar la precarización socio urbana en el proyecto de fortalecimiento de la educación pública e integrar los programas públicos existentes que trabajan por superarla. Pero más allá de programas específicos, es relevante poner en la agenda la articulación de la acción y la inversión pública en los territorios: no podemos seguir pensando la educación, la salud, la infraestructura, el deporte y otras tantas dimensiones de manera separada, cuando en la práctica son dimensiones que se afectan mutuamente.
Fortalecer la educación pública también es fortalecer nuestros barrios y comunidades. Fortalecer la educación pública también es desarrollar políticas que no sólo integren a los alumnos en el aula, sino también en la ciudad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *