El costo de la educación

Catherina Olivares Arias – Diario El Centro, 29/07/2015

Luego de una movilización que se extendió por cerca de 50 días, el Colegio de Profesores definió este lunes en su asamblea la suspensión del paro, en virtud de continuar en proceso de diálogo con la comisión de Educación de la Cámara de Diputados y el Mineduc.  Esto implica que se encuentra en observación el cumplimiento de los acuerdos prescritos que dejen satisfechas a las partes, en relación al tipo de educación que se espera impulsar en Chile.

Aquí surge la pregunta: ¿Qué tipo de educación queremos para Chile?… Y seguramente cada uno tiene su propia y válida opinión, pero al parecer existe una mayoría que considera que los principales implicados en la discusión, son los profesores, el Ministerio de Educación y los Parlamentarios, actores que se encuentran hoy discutiendo la reforma.
Pero ¿qué otros actores debieran estar considerados en esta discusión? Y aquí parece que los estudiantes y los padres quedan relegados a una discusión muy marginal, en que no aportan mucho ni entregan orientaciones en la toma de decisiones que les afecta directamente.

¿Será que la educación de nuestros hijos no nos interesa? ¿O será que la educación no ha alcanzado a convocar nuestro interés y por lo tanto esa conversación no se “irradia” a la comunidad educativa completa?

Y ahí se extraña el aporte de los principales implicados, los estudiantes, los padres, organizados  con fuerza y claridad, para exigir el derecho a una educación diferente.  Algo hace pensar que la discusión por la educación en Chile está vista en términos solo económicos: cuánto es necesario incrementar el sueldo de los profesores (absolutamente comprensible y justo), cuánto cuesta implementar la gratuidad en la educación superior (absolutamente comprensible) cuánto tendrán que “invertir” los padres al momento en que consideren que la educación que sus hijos es un capital social y cultural por el que hay que pagar un precio (absolutamente injusto y contraproducente, pero real).

Ahora, vale la pena ponerse a pensar: ¿Qué necesitan nuestros niños para aprender a vivir en una sociedad justa e igualitaria,  consciente de sus necesidades,  pero ajena a la competencia irracional por el éxito; una sociedad volcada a la satisfacción de las necesidades y en búsqueda de la felicidad y la realización de las personas…? Y Probablemente eso, no sea una cantidad de dinero específica, sino una nueva forma de entender la realidad y una educación acorde a esos desafíos.

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