El terrible miedo a «nivelar hacia abajo»

Francisco Letelier Troncoso – Diario El Centro, 09/07/2014

En los últimos días hemos visto a profesores, estudiantes, padres y sostenedores de colegios particulares subvencionados salir a la calle para defender la “libertad de elegir”. Explicar esta novedosa movilización puede hacerse de varias maneras: una comprensión a medias de los contenidos de la reforma, facilitada por una comunicación gubernamental también a medias; una activación de los sectores más conservadores que ven en la reforma la amenaza de un crecimiento de la influencia estatal en la sociedad; una preocupación legítima por el riesgo al que pueden estar expuestos proyectos educativos valorados y queridos por los padres y alumnos, en fin.

Considero que todas las anteriores explicaciones son parte del juego democrático y deben ser resueltas en un debate informado y en los espacios donde hoy se disputan los asuntos públicos de este país.

Sin  embargo, me asusto al pensar que puede existir otra causa, más profunda, más enquistada: el miedo de “nivelar hacia abajo”. Esto me preocupa dado que detrás de esta idea hay una suerte de exitismo individualista que se ve cada día con más frecuencia en nuestro país. Nivelar hacia abajo connota una idea de menosprecio por los que no tienen la misma condición social, económica o cultural.

La mezcla de “mi grupo social” con otro de posición “inferior” implicaría automáticamente nivelar hacia abajo. “Cuando los cabros pobres aprendan a comportarse, entonces estarán listos para compartir con mis hijos”. Me preocupa ver una “clase media” que se aferra con furia a su estatus con el miedo inmenso de ser contaminada por la clase inferior. Pareciera que la segregación de nuestras ciudades y barrios terminó por permear nuestras identidades y hoy es nuestra condición natural.

Detrás de estos miedos está la disolución de lo social como realidad mayor y a la que deberíamos sentirnos convocados todos y todas.  Estamos tan lejos unos de otros que perdimos la noción de que somos los mismos y de que podemos vivir juntos (y estudiar juntos). Me asusta que la lucha por una educación pública y de calidad se desvanezca al chocar con el poderoso muro de nuestros intereses individuales, ese apetito de éxito individual (o miedo al fracaso) que nos susurra y que nos alienta a olvidar que por más bien que estemos cada uno, no estaremos mejor si el bienestar no es compartido.