Entrevista a Francisco Letelier “Ciudades Intermedias: Problemáticas y desafíos”

Revista Planeo Nº 27  Ciudades Intermedias, Abril 2016. Por Pablo Wainer Arquitecto UDP, Tesista en Magister en Desarrollo Urbano, IEUT, UC
“A fines de los 90 la ciudad intermedia fue proclama como alternativa a la metrópolis, como promesa de calidad de vida. Sin embargo, al poco tiempo pudimos observar que los cambios producidos por las políticas urbanas neoliberales habían debilitado su capacidad de constituirse en espacios urbanos de calidad”

Francisco Letelier Francisco Letelier es académico de la Universidad Católica del Maule, investigador en CEUT y socio de la ONG Surmaule. Sociólogo de la Universidad de Concepción, Magister en Sociología por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, y doctorante en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Entre sus publicaciones se encuentran diversos libros y artículos, en los que su línea de estudios se enfoca en la construcción social del territorio y la ciudad, la acción colectiva, el desarrollo local y distintos estudios post catástrofes.

Primero, nos gustaría saber cuál es la definición de ciudad intermedia en el que ustedes se enmarcan y cuáles son sus principales características.

Primero hay que decir que nuestra aproximación está más centrada en comprender las relaciones entre distintos componentes del territorio: uno de ellos es la ciudad intermedia, que no se puede explicar sin la relación que establece con su entorno. Segundo, no trabajamos con una sola definición, sino más bien con aproximaciones. El debate está abierto. Dicho eso, hay por lo menos cuatro aspectos que nos parecen importantes a considerar: la escala, la función, las dinámicas de interrelación y las formas que adopta el modelo político-económico.

Hay una primera aproximación que la da la escala urbana. Sin embargo, producto de los avances tecnológicos, el acceso a la información y el desarrollo de la infraestructura, el solo tamaño es insuficiente para operar una clasificación. Ayer podríamos haber sostenido que un centro poblado de 30.000 habitantes no reúne las condiciones para ser considera ciudad intermedia; sin embargo, hoy ese centro está cumpliendo una función de intermediación importante entre lo regional y el sector rural. Así, una segunda dimensión es la función de la ciudad en su entorno. Cuando hablamos de ciudades intermedias nos referimos a una intermediación entre distintas escalas territoriales. Talca, en la región del Maule, una ciudad de 250.000 habitantes, claramente cumple una función de intermediación entre el nivel nacional y el territorio regional. Lo mismo puede hacer una capital provincial respecto a sus comunas, y también lo puede hacer una ciudad pequeña respecto a su entorno rural. Pero como sostenía Milton Santos, la globalización permite que la intermediación no sea necesariamente escalonada, hay “cortocircuitos” que producen discontinuidades: así, una ciudad pequeña puede intermediar con el nivel global directamente, sin pasar por el nivel provincial o regional.

Es necesario considerar además aspectos vinculados a tipos de territorios y dinámicas de interrelación específicas. En el caso del Maule (y de todo el Valle Central), encontramos lo que Manuel Canales denomina “ciudades agrarias”, centros urbanos que viven a partir del empuje que les da todo el conjunto de actividades vinculadas a la industria silvoagropecuaria; son el componente urbano de territorios agrarios. Esta particularidad territorial abre una dimensión especialmente interesante, que tiene que ver con las relaciones y ambigüedades urbano-rurales. La ciudad intermedia del Valle Central está totalmente imbricada con su entorno rural. Es más, existen un conjunto enorme de prácticas rurales que se dan en las ciudades. Las ciudades agrarias presentan una cultura híbrida urbano-rural, difícil de clasificar y que constituye un objeto de estudio en sí mismo.

Finalmente, no se puede analizar a la ciudad intermedia en Chile sin tener en consideración la manera en que el modelo neoliberal ha influido en las políticas urbanas y territoriales. Hay un conjunto de fenómenos y problemas que no son coherentes con la escala urbana de nuestras ciudades intermedias: contaminación, congestión, desconfianza, estrés urbano, violencia, segregación, guetización, entre otros. No es posible explicar estos fenómenos sin asumir el impacto de las políticas urbanas neoliberales.

¿Cómo ha sido la evolución de las distintas ciudades intermedias en Chile?

Muchas de las ciudades intermedias chilenas, especialmente las del Valle Central, han experimentado sus cambios más significativos a partir de los años 70. Estos cambios deben observarse teniendo en cuenta al menos tres procesos: la liberalización del suelo urbano y la retirada de la lógica de planificación, el proceso de regionalización implementado a partir de 1974 y el desarrollo de la industria silvoagropecuaria. De manera muy sintética, podemos decir que, por un lado, estas dinámicas aceleraron la migración interna desde las zonas rurales hacia pueblos y ciudades y segundo, tradujeron esta migración en un crecimiento extendido, segregado e inorgánico. El caso de Talca resulta ilustrativo al respecto. A inicios de los 70 tenía cerca de 80.000 habitantes, y hoy tiene 250.000. Hace 40 años su radio urbano era equivalente a su damero; en la actualidad se ha triplicado, y el Plan Regulador de 2011 incrementó en 6.000 hectáreas el suelo urbano. Fenómenos como éste han producido que en las ciudades intermedias chilenas comiencen a percibirse problemas tradicionalmente asociados con la escala metropolitana, mientras que son horadadas las bondades que una menor escala puede favorecer.

Pero al mismo tiempo existe una percepción de que estas ciudades se han modernizado: hay más malls, centros comerciales y supermercados, todo lo cual se transforma en sinónimo de progreso. Asimismo, ha mejorado la oferta cultural, educacional y de ocio, y las prácticas culturales se han ido diversificando.

La evolución de estas ciudades resulta paradójica. Aumentan los problemas, pero también lo hacen las oportunidades de acceso a bienes y servicios. A partir de una encuesta realizada hace pocos meses por CEUT, pudimos observar que las representaciones de las ciudades intermedias de la región son muy fragmentadas: no existe un imaginario de ciudad intermedia. Y esta resulta así una de sus principales características: su ambigüedad, el encontrarse entre su pasado de pueblo y una cierta aspiración de ciudad grande, sin ser ni uno ni lo otro, y sin contar tampoco con un proyecto propio.

¿Qué ventajas en relación a lo urbano pueden tener sobre las zonas metropolitanas o pequeñas ciudades? ¿Son las ciudades intermedias una oportunidad de establecer un escenario más favorable sobre la calidad de vida de los habitantes?

A fines de los 90 la ciudad intermedia fue proclama como alternativa a la metrópolis, como promesa de calidad de vida. Sin embargo, al poco tiempo pudimos observar que los cambios producidos por las políticas urbanas neoliberales habían debilitado su capacidad de constituirse en espacios urbanos de calidad. Por otro lado, las ciudades pequeñas, de menos de 50.000 habitantes, han estado experimentando un desarrollo importante de su infraestructura y conectividad, mejorando notablemente su acceso a servicios públicos y privados. Si sumamos a esto que no tienen los problemas de las ciudades intermedias mayores (congestión, contaminación, inseguridad, entre otros), se constituyen en lugares atractivos para vivir. Sin embargo, la tendencia que observamos es que, como la escala urbana es un factor que debe ajustarse con los efectos negativos del modelo de crecimiento urbano neoliberal, ciudades más pequeñas comienzan también a experimentar procesos de deterioro –ejemplo de lo cual es la existencia de amplios sectores de vivienda social con muchos problemas socio urbanos en ciudades de menos de 40.000 habitantes.

No obstante, en términos generales -y a pesar de sus nuevos problemas-, las ciudades intermedias son espacios valorados, sobre todo si uno las compara con las ciudades metropolitanas. Una persona que llega de Santiago a Talca se encontrará sin duda muy contenta con los menores tiempos de viaje y con una trato relativamente amable en la vía pública, sin embargo, quienes hemos vivido toda la vida aquí notamos cómo ambas cosas se han venido deteriorando en los últimos 20 años: hay más congestión vehicular y un mayor nivel de estrés urbano. Las ciudades intermedias tienen todavía un gran potencial para producir buenas condiciones de vida, pero hay que ser enfático en que lo han venido perdiendo progresivamente.

Por otro lado, la experiencia que tiene de la ciudad una familia cuyo ingreso está por sobre un millón de pesos, y la que tiene otra que no alcanza los 500.000 es diferente. Como las lógicas de segregación se han intensificado, el ingreso define la localización y la calidad urbana a la que es posible acceder. En este sentido, para una familia de menores recursos, la ciudad, más allá de su escala territorial, siempre será un lugar menos amigable. Lo que sí está claro es que una escala urbana menor facilita la convivencia con la familia extensa, cuestión que también la vemos con claridad en nuestra encuesta; sin embargo, esto mismo puede llegar a inhibir la creación de vínculos sociales más diversos y por lo tanto, afectar la creación de confianza social, esto es, la confianza en el otro generalizado.

¿Cuáles son los principales desafíos que presentan las ciudades intermedias actualmente?

El primero, y más importante a mi juicio, es producir reflexividad acerca de sí mismas. Debemos ser capaces de reconocer las potencialidades de nuestras ciudades, que son muchas, y reconocer también las dinámicas que las afectan o impiden su desenvolvimiento. Por ejemplo, Talca y Curicó son las ciudades con mayor proporción de viajes en bicicleta; sin embargo, al no tener esta característica un correlato en las políticas públicas, lo que ha ocurrido es que el porcentaje ha comenzado a disminuir y en el mediano plazo, esto ya no será un valor. Lo mismo ocurre en otros aspectos tales como la calidad de la vida barrial, la cohesión social y la calidad de la centralidad urbana, en los cuales las ciudades de menor tamaño han venido decayendo sistemáticamente.

Necesitamos definir un horizonte de llegada para nuestras ciudades, un proyecto. Esto implica construir una masa crítica en la sociedad civil, en la academia y en el gobierno, capaz de problematizar la situación actual de las ciudades y poner desafíos políticos de largo plazo. Todo esto suena bien en el papel, pero no es fácil, sobre todo cuando la planificación urbana parece haber quedado reducida apenas a la zonificación.

Las ciudades intermedias son aún espacios urbanos planificables y permiten en principio una mayor participación ciudadana en el gobierno y gestión de la ciudad. Como lo sostenía la UNESCO en 1999, ellas pueden brindar un campo fértil de experimentación de alternativas a las nociones de urbanidad, convivencia y gobernabilidad, y en definitiva, hacia una mayor calidad de vida.

Por último, ¿qué planes, medidas o políticas consideras necesarias para seguir apoyando el desarrollo de estas ciudades en Chile?

Se requiere de mayor planificación urbana y territorial. Es fundamental, por ejemplo, disminuir la migración rural-urbana. Una política rural para Chile es absolutamente imprescindible para evitar que las ciudades intermedias sigan expandiendo. Al mismo tiempo se requiere con urgencia que las nueva Política de Desarrollo Urbano se exprese en programas e instrumentos específicos, especialmente en lo que se refiere a integración y cohesión urbana. Es necesario también definir nuevos espacio de planificación y participación a nivel territorial. La fragmentación del tejido social a nivel vecinal impide la emergencia de un actor capaz de orientar el desarrollo urbano; por esto, junto con fortalecer las instancias de participación a nivel comunal como los COSOC, es necesario promover articulaciones territoriales intermedias, como aquellas que la literatura denomina “Unidad Vecinal”.