Erase un Día del Trabajador

Catherina Olivares Arias, Socióloga

ONG Surmaule

Casi en todo el mundo se conmemora el 1 de mayo como el origen del movimiento obrero moderno, movimiento que a fines del siglo XIX, logró consolidar la jornada laboral de 8 horas y no de 12 o más, situación bastante común en los albores de la era industrial, y que gatilló posteriormente una serie de demandas por el mejoramiento de las condiciones laborales, en el punto más álgido de la denominada Revolución Industrial.

La fecha fue propuesta en 1886 por el Congreso Obrero de París, en recuerdo de los mártires de Chicago, por entonces una de las ciudades más pobladas de EEUU. Allí se inició una huelga para la legislación de una jornada laboral de 8 horas, bajo la premisa “8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de descanso”. El 1 de mayo de 1886 doscientos mil trabajadores iniciaron la huelga y otros 200.000 amenazaron lo mismo si no se cumplía la premisa. Como las cosas no prosperaban, la huelga se extendió y el 4 de mayo se llevó a cabo la Revuelta de Haymarket, ocasión en que una multitud de obreros fue reprimida por un gran contingente policial, generando como saldo una cantidad indeterminada de muertos, entre los que se contó la de un policía, hecho que llevó a la detención de 30 personas, de los cuales 3 fueron condenados a prisión perpetua y 5 a la pena de muerte, condenados que en su mayoría correspondían a inmigrantes europeos, de origen inglés o alemán.

Un medio de comunicación de la época describió la situación de la siguiente forma: “Que mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas.  ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación y que todos estos años no han hecho otra cosa más que proclamar  doctrinas sediciosas y peligrosas!.

Pese a lo desproporcionado de la declaración, de aquí se consolidó la jornada laboral de 8 horas, bajo la desconfiada mirada de los industriales, y el júbilo de las confederaciones y uniones de sindicatos que por primera vez vieron a las comunidades obreras fuertemente vinculadas y alineadas: el grueso del proletariado unido en función de reclamaciones que consideraban justas.

Desde principios de 1900 y hasta hoy,  se conmemora este día en honor a los obreros que lucharon y murieron por la reivindicación de los derechos de los trabajadores, convirtiéndose en un día festivo.  Después de la segunda guerra mundial, cada vez más países se fueron sumando no solo a la conmemoración sino también a la consolidación de una jornada laboral acorde, avanzando progresivamente a desarrollar más y mejores condiciones laborales para sus trabajadores.

Hasta hoy, hay quienes conmemoran a los obreros a través de manifestaciones colectivas para reconocer el avance en la lucha por los derechos laborales, así como también hay quienes sólo lo consideran un día festivo para tomar vacaciones o dedicar tiempo al ocio. Aquí podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué estamos haciendo para avanzar más allá de estas 8 horas laborales y conseguir el equilibrio para destinar el equivalente de nuestro tiempo en el descanso y el fortalecimiento de nuestra vida familiar y personal?. He aquí la tarea de nuestro siglo.

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