FORMACIÓN CÍVICA PARA UNA MEJOR DEMOCRACIA

El individualismo generalizado y la atomización de las organizaciones han impedido avanzar hacia una democracia más profunda y de mejor calidad. Este fenómeno de desarticulación conlleva una lógica clientelista, que utiliza mecanismos para entregar soluciones individuales, sin promover una actitud solidaria que permita enfrentar los problemas que afectan a la mayoría.

Fortalecer las potencialidades de las personas y de sus comunidades para desplegarlas en la construcción de un proyecto común basado en la cooperación y la visión estratégica comunitaria, es una meta a la que debiéramos aspirar. Una posibilidad para lograrlo, es promoviendo la participación activa de las organizaciones sociales en la toma de decisiones.  Avanzar en esta línea, requiere de liderazgos informados, movilizadores y con capacidad de gestión para articularse con otras redes locales, que conozcan el funcionamiento del aparato público y las formas de administración del Estado, pero que además tengan vocación por lo comunitario y por la consolidación de los proyectos colectivos.

Para lograr lo anterior, la formación cívica en contextos comunitarios se ha ido transformando en una herramienta de gran potencia para dinamizar la participación ciudadana. Para esto, ha sido vital la motivación y la confianza de las personas en el ejercicio de la participación, que no debe ser considerado como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para consolidar la Democracia, en tanto permite a los ciudadanos aportar objetivamente al desarrollo de un mejor país.

Según la definición de la Biblioteca del Congreso Nacional, la Educación cívica que se promueve en nuestros días, se encuentra destinada a “perfeccionar la capacidad de actuar de un ciudadano competente para una participación cívica informada, crítica y constructiva”. Para ir más allá, entendemos la formación cívica como el desarrollo de actitudes y habilidades que permiten a los ciudadanos actuar de manera concreta y efectiva en la construcción de su país y de sus territorios. Según este marco, se trata de una posibilidad para promover derechos, deberes y garantías de diversos grupos sociales, así como la acción organizada de una ciudadanía civil y política orientada por valores comunitarios. En definitiva, es una oportunidad para re mirar y actualizar nuestras formas de relacionarnos con lo público. Por lo tanto, fortalecer las capacidades de incidencia de los líderes formales y emergentes a partir de un proceso de aprendizaje continuo, permite dinamizar la acción comunitaria y mejorar la gestión organizacional. Hablamos de una forma de Educación cívica que permita incidir en la agenda pública y lograr mayores beneficios para todos, dando como resultado el logro de una ciudadanía activa en la construcción de su propio futuro.

En este mismo sentido, se espera que la formación cívica permita generar una transformación social histórica, que revierta las orientaciones individualistas y el clientelismo que se ha instalado desde hace más de 40 años, para dar paso a una sociedad empoderada y conocedora de sus potencialidades, informada y crítica. Una mejor democracia requiere de una ciudadanía capaz de incidir en el desarrollo de los territorios;  una nueva ciudadanía que participe de forma consciente y solidaria para construir el país que todos estamos soñando.

Catherina Olivares Arias, Socióloga

ONG SURMAULE

 

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