Hacia un debate sobre la ruralidad del Maule

Stefano Micheletti, ONG Surmaule – Diario El Centro, 09/01/2013

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, reconociendo la importante contribución que este tipo de agricultura, en conjunto con las pequeñas explotaciones, puede suponer para el logro de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza.

Para la Región del Maule, se trata de un punto fundamental, cuya celebración por parte de la ONU se espera pueda abrir camino desde ya hacia un debate necesario sobre el tema rural. Ello, porque si bien podemos apreciar con claridad la matriz netamente rural que caracteriza a nivel social y económico la Región, no resulta nada fácil leer el contexto actual, que se caracteriza por nuevas formas de habitar el territorio y la aparición de nuevos sujetos sociales.

En este marco, es interesante tratar de reconocer cómo la ruralidad (y sus conexiones con lo urbano) se ha ido moldeando en los últimos años bajo los impulsos del modelo “Chile Potencia Alimentaria y Forestal”, que nació durante el mandato del ex Presidente Lagos, e instaló como parte constitutiva del programa de los gobiernos posteriores la meta de conducir al país dentro de los 10 primeros lugares del ranking de agroexportadores a nivel mundial.

El énfasis que se puso en generar ventajas competitivas, ha delimitado el desarrollo de este enfoque hacia una fórmula de integración implícita que requiere de la comunión empresarial-estatal, marginando una vez más los actores menos relevantes a nivel económico. Es así, que para abrir un debate constructivo acerca de la rural, es necesario clarificar los límites de inclusión que el actual modelo de desarrollo presenta, y por sobre todo mencionar algunos alcances de este eje en tres niveles fundamentales: socio-político, productivo e histórico.

En primer lugar, y al igual que la mayor parte de los asuntos de interés común en el país, “Chile Potencia Alimentaria y Forestal” nace y se desarrolla sin una real participación de la sociedad civil en su diseño, planificación, implementación y evaluación. De hecho, una buena parte de la opinión pública desconoce que hoy en día la ruralidad del Maule está siendo impactada con fuerza por las medidas promovidas por un modelo de nivel central.

En cuanto a lo productivo, el enfoque se centró en la implantación de clústeres (definidos centralmente según la “vocación” de los territorios), que encabezan grandes grupos económicos y empresas de mayor tamaño con el fin último de la exportación; se produce así una integración subordinada de los pequeños productores, y se descuida el resguardo de la diversidad productiva, cayendo en una política de monocultivos que debilitan la producción tradicional rural.

Finalmente, el afán neoliberal de transformar todo tipo de actor rural en un “emprendedor”, vuelve actual el debate histórico acerca del proceso de “descampesinización” en acto a nivel latinoamericano. Las premisas del modelo, debido a las dificultades por garantizar un acceso real al capital y al mercado a la pequeña agricultura, condenan una vez más la economía campesina al rol de fuente de acumulación de capital para el sistema económico, generando relaciones de intercambio asimétricas con los otros actores del mercado.

El año 2014 no está lejos, y aprovechar el impulso que las Naciones Unidas, en conjunto con el Foro Rural Mundial, le darán al debate sobre estos temas es una oportunidad para la Región más rural de Chile. Ello se hace más importante aún al considerar que la Estrategia de Desarrollo Regional proyectada al 2020 no se hace cargo cabalmente del tema rural, más allá de considerar el territorio extra-urbano como un componente productivamente funcional al modelo “Chile Potencia Alimentaria y Forestal”, e identitariamente residual, centrado principalmente en la preservación de antiguas tradiciones. Por el contrario, la ruralidad – y sus relaciones con lo urbano – debería ser el eje de un proyecto de progreso regional y regionalista, expresión de un territorio tradicionalmente ligado a las formas de vidas del campo, en donde  la pequeña agricultura pueda incorporarse a los procesos de desarrollo como actor significativo, con identidad propia y capacidad de incidir a través de prácticas participativas