La educación que queremos para nuestros niños

Elvira Valdivieso Elissetche – Diario El Centro, 06/05/2015

Cada día se hace más imperativo generar una discusión respecto al tipo de educación que queremos para nuestros niños y niñas.  Ya no basta solamente replantearse el modelo de financiamiento o la carrera docente, por poner ejemplos. Hoy es necesario que como sociedad definamos qué tipo de seres humanos queremos formar a partir del proceso educativo.

Hace algunos meses leí un artículo que daba cuenta de la importancia de organismos internacionales en las definiciones de los modelos de educación en países de todo el mundo.  Organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) influyen en las definiciones que países soberanos hacen respecto al modelo de educación que implementan.

Así, nos dirigimos hacia una homogeneización de los modelos educativos a nivel global que buscan integrar a los individuos a la economía local y global de mercado, priorizando el aprendizaje de conocimientos y competencias utilizables en el sector productivo (de ahí viene la recomendación de mayor participación en la educación secundaria y superior del sector privado).

No nos cuestionamos el informe PISA, que implementa la OCDE, y que busca comparar internacionalmente los resultados y competencias de los alumnos, y que tienen como telón de fondo la competitividad económica internacional.

Con estas directrices, ¿Qué seres humanos estamos formando? Cada día escucho a padres estresados por la cantidad de tiempo que los niños pequeños deben pasar en el colegio (algunos pasan más de 8 horas diarias, incluso más que el tiempo que los adultos pasan en el trabajo), por la cantidad de tareas que llevan a la casa, por las notas y el rendimiento, y en consecuencia, por la pelea constante con los hijos que no quieren asistir al colegio.

Y, aunque no es un fenómeno masivo, he conocido experiencias emergentes de padres que sacan a sus hijos del sistema escolar y junto a otros padres levantan escuelas libres que promueven otro tipo de educación, aquella que fomenta el autodescubrimiento, el desarrollo de los propios talentos, la autonomía, el bienestar subjetivo, en un entorno amoroso y conciliador.

Sin duda, se hace urgente una discusión más profunda como sociedad que permita definir la educación que queremos para nuestros niños y niñas, una educación que ayude a formar personas integrales, creativas y autónomas capaces de construir una sociedad más justa y en armonía con el entorno social y ambiental, y que, por supuesto, esté al alcance de todos los niños y niñas.

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