La escuela como espacio de construcción de ciudadanía y democracia

Por Carla Pavez Muñoz, ONG Surmaule

La educación en nuestro país se encuentra en un tránsito hacia una nueva comprensión y acción, esencialmente transformadora de nuestra sociedad.

Desde el año 2006, con la revolución pingüina, se puede sentir y observar una transformación en cómo la sociedad chilena entiende el importante rol de la educación.  Desde las bases, se inicia un movimiento social que pone en tensión la concepción de la educación como bien de consumo, e impulsa diálogos, debates y manifestaciones que instalan en la agenda política la urgencia de generar cambios en el caduco modelo educativo heredado por la constitución del 80, que junto con ser segregador, no es capaz de adaptarse a las necesidades y requerimientos de las comunidades educativas.

Sin duda, el movimiento estudiantil ha sido fundamental en los cambios que la educación chilena ha incorporado en los últimos años. Más allá de lo perfectible, hoy contamos con una Reforma educativa que busca hacer transformaciones de fondo, a través de iniciativas y proyectos de ley que se han puesto en marcha partir del año 2015.

Desde esta Reforma, hablamos de un nuevo horizonte ético basado en equidad, inclusión y participación. Se reconoce a la escuela como un espacio de construcción ciudadano, donde la comunidad educativa debe ser partícipe e impulsora, reconociéndose la participación de estudiantes, docentes y apoderados.Para esto, la reforma actualmente en curso aporta sentido y dirección al quehacer dentro de las escuelas públicas del país y el rol que estas han de asumir en la construcción de ciudadanía y democracia.

La escuela retoma su rol formador,con herramientas de gestión que permiten y obligan a  remirarse y replantearse objetivos mas allá de las asignaturas “fundamentales”, impulsando la  formación de estudiantes capaces de desarrollar pensamiento crítico de la realidad, capaces de crear espacios de expresión e intercambio, realzando la formación ciudadana como uno de sus pilares esenciales.Las antiguas estructuras, focalizadas en los resultados, han tenido hoy que adentrarse en la comprensión y atención de los procesos de formación, desarrollando nuevos canales de comunicación y articulación; tenemos así una escuela que sale del aula y se vincula con la construcción social local, regional y nacional.

En este contexto histórico de la educación chilena,para Surmaule cobra profundo sentido el trabajo con comunidades educativas, pues creemos necesario reconocer la capacidad transformadora de los diversos actores que se involucran en la construcción de una educación comprendida como un derecho y bien social comunitario.Reconocemos los desafíos a los que se enfrentan las comunidades educativas, pues hemos de reeducarnos en la participación vinculante,consolidando así la convicción de que sólo participando generamos las tan ansiadas transformaciones sociales. Creemos en una educación que nos forme como ciudadanos capaces de crear nuestra realidad, haciendo valer nuestros derechos y resguardando nuestra identidad y diversidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *