LA INFANCIA EN CHILE: PRESENTE, PASADO Y FUTURO

Por Yennifer Rivas

Por primera vez en Chile, el tema de la “Infancia” nos toca con tanta fuerza a todos. Lamentablemente lo hace a propósito de las voces acalladas que emergen gracias a movimientos ciudadanos y las noticias de los últimos meses que nos cuentan que en pleno 2017, niños y niñas son vulnerados, mueren en plena impunidad y este hecho nos conmueve como sociedad y nos obliga a hacer algo. La pregunta que surge es: ¿Qué podemos hacer, los “ciudadanos de a pie”,  para hacer que nuestros niños no sean vulnerados?

Un artículo de la profesora Ileana Enesco, académica de la Universidad Complutense de Madrid, menciona que en la antigua Grecia, Aristóteles (384-322 a.C.) uno de sus más grandes pensadores de la historia, decía: “hasta los 2 años conviene ir endureciendo a los niños, acostumbrándolos a dificultades como el frío”, y en la Edad Media (s. XXVII) el Abad Berulle escribía “No hay peor estado, más vil y abyecto, después del de la muerte, que la infancia”.  Luego de estos antecedentes, no fue sino hasta la llegada del siglo XX, y solo después de dos guerras mundiales, que comenzamos a comprender la importancia de la infancia en el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social del ser humano.

Después de milenios de historia de la humanidad, ese fue un primer paso para avanzar en el reconocimiento de los derechos de niños y niñas y su rol en la sociedad.   En Chile, el 14 de Agosto de 1990 se ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño que había sido aprobada por las Naciones Unidas el 20 de Noviembre de 1989.  De acuerdo a este convenio, el Estado chileno se compromete a promover los derechos de niños y niñas, cambiando definitivamente la concepción de infancia, rigiéndose por cuatro principios fundamentales: la no discriminación, el interés superior del niño, su supervivencia, desarrollo y protección, así como su participación en decisiones que les afecten.  Porque no solo se trata de tener niños con vida, sino niños con una buena calidad de vida, con futuro, con deseos y posibilidades reales de contribuir a la sociedad.

El siguiente paso será escucharlos, conversar acerca de los problemas que les afectan a ellos y su núcleo familiar, sus inquietudes, sus ideas, sueños, entregarles espacios para que expresen su opinión respecto a lo que viven diariamente, y aportar desde su mirada las propuestas para enfrentar los desafíos de la sociedad. Pero todo esto requiere que existan las condiciones necesarias para hacerlo, que los niños cuenten desde su primera infancia con los recursos humanos y materiales y con las condiciones sociales y éticas para poder lograrlo.

Lo que podemos hacer hoy, es comenzar a abrir esos espacios de participación desde lugares cercanos como el grupo familiar, el barrio, la escuela y otros espacios más amplios como la institucionalidad estatal.   Sería de  gran ayuda desafiarnos a incorporar la creatividad para facilitar el aprendizaje integrando los aportes de los niños en la construcción de una sociedad más equilibrada y en ese camino, promover una existencia más humana, amable y respetuosa. Para ello será una tarea buscar las opciones adecuadas para que nacer y vivir como niño o niña en Chile, no sea difícil ni doloroso, no dejarlos indefensos frente a una sociedad que no los ve ni los oye. Porque la infancia de hoy no puede seguir en la misma dirección que la de ayer. Si caminamos juntos sin bajar la guardia en la defensa de sus Derechos, lograremos que la Convención de los Derechos del Niño/a no sea solo otra declaración de buenas intenciones.

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