La reconstrucción rural y el compromiso de Bachelet

Stefano Micheletti – Diario El Centro, 19/02/2014

El compromiso de la Presidenta electa Michelle Bachelet de realizar un catastro del real estado de la reconstrucción en todas las regiones involucradas, se hace muy relevante en el Maule sobre todo a nivel rural. Ello, debido a que en la actual gestión la ruralidad no ha sido considerada como una especificidad socio-territorial a la hora de planificar la reconstrucción, sobre todo en el ámbito de vivienda.  Asumiendo además la aguda dependencia del modelo de la iniciativa privada,  que se expresa fundamentalmente a través del actuar de EGIS y Constructoras,  la reconstrucción ha avanzado más lentamente en los sectores rurales respecto a los urbanos. De hecho, la distancia y la dispersión de los damnificados hacen poco rentable para las empresas emprender proyectos de reconstrucción, sobre todo si la demanda se refiere a la reparación de viviendas o a la reconstrucción en sitio propio.

La ausencia de respuestas concretas frente a esta situación específica, más allá del intento fracasado de promover la autoconstrucción asistida de las viviendas rurales, ha producido un avance lento y caracterizado por la entrega de soluciones poco pertinentes, tales como las viviendas tipo, de materiales y dimensiones poco acordes a las formas de habitar y producir del campo.

Por otro lado, la gran cantidad de subsidios de Adquisición de Viviendas Construidas y de Construcción en Nuevos Terrenos que se entregaron en comunas rurales, implica la relocalización de las familias y en general el traslado a sectores urbanos periféricos, donde el mercado puede rentabilizar la inversión.

Recordar y exigir con fuerza el cumplimiento de la propuesta de Bachelet de generar un nuevo plan de reconstrucción efectivo, que contemple todas las soluciones necesarias, es el primer paso para enfrentar la cuestión rural, bien sabiendo que se trata de  un fenómeno heterogéneo, complejo, que remite a gradaciones.

Un espacio que ha sido maltratado por un proceso de recuperación pos terremoto caracterizado por su sesgo neoliberal, centralista y urbano; un proceso cargado de tensiones, de expectativas frustradas, con poco espacio para el diálogo entre las visiones de los distintos actores involucrados.

Es evidente que se trata de un desafío mayor, ya que significa poner en discusión los principios de la política de vivienda rural que se han construido en las últimas décadas, no solamente en los últimos cuatro años, y que en la práctica han profundizado las inequidades territoriales y acelerado el proceso de migración hacia la ciudad. Sin embargo, es urgente comenzar a pensar en términos de hábitat rural entendido como un patrimonio específico, con tecnologías, formas y hábitos propios, y dejar de lado la convicción que reconstruir es levantar rápidamente cuatro paredes y un techo, sin importar mucho cómo y adonde.