La violencia de género en la vida actual

Catherina Oliavares Arias – Diario El Centro, 16/11/2016

Si bien la consigna actual es, cada vez con más fuerza, no más violencia contra la mujer, estamos de acuerdo en que ésta debiera extenderse a cada día del año. Pero será un trabajo arduo para nuestra sociedad y las futuras generaciones conquistar la misma consigna para aquellos espacios en los que ni siquiera imaginamos pero existe otro tipo de violencia, una encubierta y que afecta de maneras diversas, el desarrollo y crecimiento de las personas, a la que podríamos denominar violencia simbólica.

¿Le ha preguntado a alguna mujer cuán difícil es desarrollar sus actividades laborales, intelectuales, estudiantiles o de trabajo social e incluso político, cuando tiene niños pequeños?

Parece natural que desde el momento de la concepción y luego del nacimiento, las responsabilidades paternales se vayan concentrando en las mujeres, porque aunque toda la familia “ayude” en el cuidado de más pequeños, las tareas que esto implica no se reducen a cambiar pañales, preparar comida, jugar o eventualmente ayudar a hacer las tareas en los tiempos libres.  Hay mucho más que eso.

Existe un intrincado e inquisidor calendario de actividades, en las que las mujeres se ven forzadas a llevan un estricto control, de manera que cuando falla uno de los miles de factores que afectan este calendario, todo se viene abajo como un desastre masivo.  Y cuando los niños son más pequeños basta consensuar los tiempos de alimentación, sueño y actividad, pero todo cambia cuando los niños van creciendo: horarios de entrada y salida del colegio o jardín, preparación/entrega del almuerzo, comprar materiales, reuniones de apoderados, actividades extraescolares, cumpleaños, actividades culturales del colegio, los disfraces, los paseos de curso.

Y todo requiere de una precisión milimétrica que está siempre al borde del colapso y que frecuentemente está comandada por mujeres: madres, abuelas, tías, o incluso hermanas…

Es agotador pensar en este delicado equilibrio que está siempre a punto de colapsar, y que es una carga pesada en la vida de una mujer, quien además se ha propuesto trabajar, estudiar, desarrollar un trabajo social o incluso una vida política.

Si ustedes le preguntan a una madre promedio, cuál es su deseo para la navidad, probablemente les diga una banalidad como “lo que sea su cariño”, pero seguro que en el fondo de su mente palpita la idea de que un hada madrina (obviamente otra mujer, porque para esto no confiamos en las habilidades masculinas) le venga a ayudar con las tareas domésticas y que las noches sean más largas para ver si logra cumplir con el mínimo de 3 horas de sueño profundo.

A los padres, abuelos, tíos, hermanos, compañeros de trabajo, amantes o cualquier hombre cercano a estas mujeres, les damos las gracias por contribuir con la difícil meta de mantenerse en pie frente a esta vorágine, el deseo de que no se dejen amedrentar por las violentas convicciones culturales de esta sociedad injusta, en la que lo doméstico es responsabilidad exclusiva de las mujeres. Gracias por su comprensión. Es así como construiremos una mejor sociedad.

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