Las tareas pendientes de nuestra sociedad en materia de Derechos humanos

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, promovida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París el año 1948 luego de los horrores de la 2da Guerra mundial,  constituye un acuerdo entre las naciones para cumplir con los ideales impulsados hace 150 años por la revolución francesa. Se conmemora cada 10 de diciembre y obedece a un consenso amplio basado en los ideales del periodo de la Ilustración, en los inicios del Contrato social de Russeau y en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, antesala de la manifestación de los Derechos del Niño, que en 1959 cambia la forma en que se abordan las temáticas relacionadas con la infancia.

Destacan en su preámbulo, conceptos como la libertad, justicia y paz, que orientan a la “igualdad de derechos de todos los miembros de la familia humana”, al reconocer que el desconocimiento de tales valores ha llevado a la humanidad a cometer actos de barbarie y ultraje de la dignidad de las personas, por lo que es preciso identificar estándares que permitan el reconocimiento de las condiciones de igualdad entre todos los seres humanos, la protección de los derechos básicos como el derecho a la vida, a  la dignidad, la igualdad entre hombres y mujeres, el derecho a una vida digna, la valoración de la libertad como un concepto amplio, entre otros.

Esta carta fundamental, guía a los pueblos y naciones a respetar los derechos y libertades de todas las personas, y a cautelar el cumplimiento de tales principios implementando acciones y sanciones en el territorio de los estados partícipes.  Está compuesta por 30 artículos, que promueven orientaciones en base a que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Artículo 1), mientras que en el Artículo 2, propone que “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

Ante esta declaración la pregunta es ¿Cuánta tarea tenemos pendiente para la ampliación de estos derechos y de avanzar un paso más?  ¿Estamos preparados, para reconocer que los Derechos Humanos no son patrimonio de quienes los reclaman (con justa razón), sino que constituyen el compromiso y obligación de todas las personas para garantizar el contrato social y así evitar aberraciones del abuso del poder, de las ideologías hegemónicas y de la vulneración del derecho fundamental?. La tarea será ardua al reconocer que a casi 70 años de esta declaración, quedan muchos flancos que abordar para consolidar los derechos humanos en su más amplia expresión y velar para que  las nuevas generaciones se eduquen adecuadamente en el derecho y el deber de la participación activa y la construcción de una sociedad basada en el respeto de los derechos de todos.