Los conflictos socio ambientales en el Maule

Stefano Micheletti – Diario El Centro, 25/06/2014

El día miércoles 18 de junio, se realizó en Curicó un diálogo abierto sobre los conflictos socio-ambientales de nuestra región, con el objetivo de reflexionar acerca de los casos actuales, así como de generar aprendizajes de aquellas experiencias positivas que se han desarrollado en los últimos años.

La instancia, organizada por la Escuela de Trabajo Social de la UCM, el Centro de Estudios Urbano-Territoriales y el Observatorio de Ruralidad, ha permitido que más de cien personas – entre estudiantes, dirigentes sociales y ciudadanos en general – tuvieran un espacio para debatir acerca de una problemática que se hace cada día más relevante en los territorios y comunidades maulinas.

Más allá de visualizar las debilidades de un marco legal que se encuentra permanentemente atrasado en lo que respecta a participación ciudadana, y de proponer un listado de los conflictos socio-ambientales – que partiendo por el Achibueno seguiría con Putú, la situación de extrema contaminación en Teno, el proyecto de un embalse y central hidroeléctrica en Los Queñes, los problemas de acceso al agua en Batuco y muchos casos menos conocidos – es importante detenerse sobre un aspecto central del asunto.

Los conflictos socio-ambientales se desarrollan fundamentalmente alrededor de la relación entre las comunidades locales y la grandes empresas que se instalan en los territorios, en el contexto de un modelo extractivista. Ambos actores tienen intereses, algunos más legítimos que otros, y que en algunos casos se contraponen: si por un lado el foco es la maximización de las ganancias, por otro se entremezclan las necesidades de contar con un empleo, y el anhelo de poder disfrutar de una buena calidad de vida (que se basa también en las condiciones medioambientales).

Así las cosas, se hace necesario establecer acuerdos mínimos para la convivencia, los que dicen relación con el derecho de las comunidades a decidir sobre sus propios territorios y a vivir en un medioambiente libre de contaminación; en este sentido, los nulos espacios de participación vinculante, la  escasa regulación acerca de las externalidades negativas de los mega proyectos y la ausencia de una vinculación tributaria de las grandes empresas con las comunas en las que se instalan, son elementos que atentan en contra de una buena relación.

En el marco de un modelo neoliberal chileno que se está agrietando, se hace entonces cada día más evidente el llamado al Estado para que recupere su vocación de representación de las comunidades y de intermediación con el mercado, considerando que en este momento existe un desequilibrio brutal de poder en cuanto al conocimiento, manejo de la información, y a los recursos disponibles. La sociedad civil está demostrando, por su parte, la disponibilidad a asumir el gran desafío de co-construir los territorios de nuestra región.

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