Más allá de la Catástrofe

surmaule Columnas de opinión, Jennifer Gualteros Leave a Comment

Es usual seguir encontrándonos con relatos, imágenes, noticias, instituciones y ciudadanos que aún narran desde su mirada, el devastador panorama dejado por el paso del fuego en vastos territorios de nuestro país, y que en las últimas semanas hicieron que Chile, una vez más, sea noticia en el mundo.

El paso del fuego dejó un panorama oscuro, con olor intenso, que nos enfrenta a historias, incertidumbres, angustia y esfuerzo de muchas familias en el inicio de su batalla por recuperarse; y a una institucionalidad sobrepasada por las dimensiones del desastre.

Además de remarcar la urgente necesidad de avanzar en la reconstrucción, entendemos que este proceso tiene dos dimensiones: La reconstrucción material, que escuchamos a diario en los medios de comunicación y que es realizada por el Estado y algunas instituciones de carácter privado; y la reconstrucción del tejido social, al parecer tímida para asomarse en el escenario nacional.

La reconstrucción material y de la cual el Estado es responsable, es un proceso que debe en principio, atender la catástrofe cubriendo rápidamente necesidades básicas, además de diseñar e implementar soluciones para las poblaciones arrasadas por los siniestros, que han visto borrado su territorio físico y simbólico alterando el equilibrio ambiental, económico y social de las diversas comunidades afectadas.

Justamente, por el desequilibrio que padecen estos territorios, tanto en el área urbana como rural, es necesario volcar la mirada hacia la reconstrucción del Tejido Social, lo que implica la implementación de acciones concretas como la revitalización de los líderes, dirigentes y actores claves de los territorios. Dicho proceso, se puede desarrollar desde la promoción del sentido estratégico que tiene el trabajo colectivo.

La revitalización de las organizaciones, líderes y dirigentes, aportará en la construcción y seguimiento de agendas de trabajo entre la comunidad y el sector público, sobre todo cuando el fuego ha cesado, y aparecen nuevas emergencias por atender. Es allí cuando la reconstrucción material y social necesita de mayores esfuerzos para ser real.

Más allá de la catástrofe, se encuentran comunidades capaces de asumir un rol protagónico en la transformación y reconstrucción de sus territorios, a partir de la identificación de sus necesidades y posibles propuestas de solución colectivas, provocadoras para el diálogo intersectorial y la articulación pública, donde no sólo la reconstrucción material sea digna de atención  y donde el tejido social se asome con fuerza, porque lo incinerado no fueron sólo viviendas y bosques, fue historia, patrimonio,  memoria y cultura.

Para una exitosa reconstrucción, se necesitarán habilidades técnicas que permitan implementar en un breve plazo posible las soluciones productivas, sanitarias, de urbanización y vivienda; así como la sensibilidad para identificar y poner en valor las organizaciones y liderazgos existentes en los territorios para que la comunidad sea partícipe del proceso de reconstrucción, reconociendo que no es sólo un hecho material, sino que tiene que ver con la reconstrucción de la vida en común.

 

Jennifer Gualteros Pastrana

ONG Surmaule