MÁS ALLÁ DEL VOTO

La democracia, más allá de ser una forma de gobierno que incorpora la participación del pueblo en la toma de decisiones para el bien común, consiste en una actitud que implica mucho más que un procedimiento para elegir a los representante de los gobiernos de turno.

En nuestros días, la democracia se ha transformado en algo que trasciende a los gobernantes e interpela a los ciudadanos acerca del rol que deben jugar en la toma de decisiones respecto a la sociedad. Y a pesar de que hay quienes manifiestan que se han hecho esfuerzos importantes en la incorporación de los ciudadanos en la toma de decisiones, es posible evidenciar una disminución de la participación en base a la cantidad de personas que votan en las elecciones, lo  que pone una luz de alerta sobre el debilitamiento de la democracia y por consiguiente, pone en cuestionamiento la legitimidad y representatividad sus resultados.

Según el documento del Programa de Las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD “Participación electoral: Chile en perspectiva comparada 1990 – 2016”, la disminución de la participación en las votaciones electorales es una situación que está lejos de ser un fenómeno generalizado, porque en nuestro continente sólo se ha registrado un escenario similar en Costa Rica, mientras que hubo un aumento en la participación electoral en otros países de América latina del 63,3% al 70,8% entre los años 1990 y 2016.

Las razones que explican este fenómeno han sido ampliamente discutidas y se reconoce que el problema central no es la baja cantidad de votantes, sino que es síntoma de algo más profundo que afecta el corazón de la democracia chilena. El decaimiento de la participación, no sólo se vive durante el periodo de elecciones sino que es extenso e implica un debilitamiento de la acción colectiva, arraigado en el convencimiento de que no es necesario organizarse para incidir en la construcción de una sociedad más justa, y que esta tarea es responsabilidad de la elite política que integra el gobierno de turno.

En oposición a esta tendencia, podemos observar que existen agrupaciones que creen en la organización colectiva y buscan mecanismos para construir un país diferente desde una lógica solidaria y cooperativa mediante la implementación de prácticas inclusivas y que motivan la participación de las personas. Sin embargo, muchas veces estas acciones se  encuentran con estructuras de poder que no ceden espacios de poder a la ciudadanía, anulándolos a través de la coerción o a partir de prácticas clientelistas que mantienen a la sociedad civil confinada a ser un grupo pasivo y desconocedor de sus derechos.

En este escenario, la recuperación del concepto de Educación Cívica cobra una importancia clave. La reincorporación en el currículum del sistema educativo chileno se anuncia como una gran noticia que aporta al fortalecimiento de  la ciudadanía  y de paso a la profundización de la democracia al aportar en la formación de ciudadanos empoderados de sus derechos y con la suficiente información para opinar y decidir. Lo que sin duda seguirá siendo un desafío, es el compromiso e involucramiento de otros actores, porque se requiere de un esfuerzo colectivo y comprometido con el respeto de los derechos humanos, fundado en la convicción de que la participación no se reduce al trámite del voto, sino que involucra la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, que permita el desarrollo pleno de todas y todos sus habitantes.

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