Memoria Histórica de los barrios; el patrimonio inmaterial que debe perdurar

El terremoto y tsumani del 27 de febrero del 2010 dejó una huella indeleble en las comunidades maulinas, tanto el  patrimonio material como el inmaterial se vieron profundamente afectados; cientos de viviendas del casco histórico de Talca quedaron dañadas y destruidas, monumentos religiosos y esculturas sin restauración y el tejido social fragmentado. Los maulinos buscaron entre sus cosas y recuerdos ese trozo de memoria que se podía rescatar, mientras se instaló un proceso de reconstrucción donde predominaron los intereses del mercado inmobiliario y el influjo homogeneizante de la modernidad.

A siete años de la catástrofe, junto a los nuevos y modernos conjuntos residenciales, seguimos observando con desazón sitios baldíos y ruinas de antiguas casas de adobe. Si bien la infraestructura patrimonial parece ser irrecuperable, aún vemos comunidades que se resisten a perder eso que tantos años les costó construir: La Memoria Histórica, las formas de vivir, los vínculos y la identidad cultural, elementos constituyentes del patrimonio inmaterial de los barrios.

El Estado brinda mejoramiento de algunas viviendas, repara otras, pero los alcances del proceso de transformación de los territorios maulinos, los cambios en la estructura urbana y el valor que se establece en los predios, son aspectos urgentes de visibilizar, en una ciudad donde los sitios erizados se mantienen y el deterioro de las viviendas continúa siendo parte del paisaje urbano. Las comunidades son relocalizadas y la gentrificación en el casco histórico  avanza sin considerar la memoria y la identidad de los barrios y sus comunidades. Carlos Candia, arquitecto de Aplomo indica, “el tejido urbano tiene directa relación con el tejido social, donde la vivienda es una solución individual de una familia, pero el tejido urbano es el territorio, el cual debe estar en equilibrio y bien dosificado, es el barrio que se compone de viviendas, equipamientos, espacio público, infraestructura, medio ambiente y servicios públicos asociados. El cómo hacemos comunidad implica diseñar, construir y habitar participativamente el barrio donde queremos vivir”. A lo que agrega “afecta profundamente a la ciudad, como manifestación social, el predominio de los intereses del mercado y la escasa participación del Estado para normar y regular esos intereses; se ha descuidado a la ciudad como ente colectivo de derecho”.

La construcción de la ciudad es un hecho histórico y un desafío político. Es por ello que para adentrarnos en la memoria histórica  y patrimonio de los barrios de Talca, conoceremos historias y testimonios de vecinos de los barrios: Santa Ana, Seminario e Independencia de Talca.

“Tuve una infancia de barrio, con amigos de barrio. Aún se vive esa vida de vecino colaborador; siempre nos estamos preguntando cómo estamos y si va a estar sola la casa, nos cuidamos, nos ayudamos. Acá todos nos reconocemos las caras porque estamos en un vecindario donde nos saludamos, ¡acá hay vida de barrio!”, declara Yanette Nuñez Soto, vecina del barrio Seminario. A lo que agrega, “acá hay muchas historias de vecinos que llenan el corazón; personas que han sido futbolistas en sus años mozos, tuvimos negocios históricos como “La María el Loro”, como “El guatón del puro”, la carnicería de mi padre que ya falleció pero que todos recuerdan… entonces son muchas las historias y vivencias que marcan tu infancia, tu formación”.

Por su parte, Sergio Maturana, también vecino del sector Seminario, asegura que para conocer la historia de un barrio, es preciso escribir sobre las etapas y actividades sociales-económicas que han influido en su desarrollo a través del tiempo, como también el origen de la población que llegó a vivir allí. Junto con esto, Maturana afirma que es fundamental analizar cómo se llevó a cabo la vinculación del barrio con el centro de la ciudad a través del tiempo, junto con las comunas rurales vecinas.

“En la actualidad el barrio Seminario es un barrio de gente mayor, donde los hijos de aquellos se han ido a vivir a otros sectores de la ciudad o sencillamente a otras ciudades. Pero el barrio tiene un fuerte componente educacional: en una superficie de 15 cuadras aproximadamente, está el CFT San Agustín; el centro educativo para adultas Adoratrices; tres colegios de enseñanza básica y media (C.I.T, San Ignacio, San Jorge). Ello obliga a mejorar las vías de comunicación para facilitar y no dificultar el tránsito. Las políticas públicas debieran dar cuenta de este hecho, como también mejorar y ampliar las veredas, cuidar los edificios patrimoniales y no echarlos abajo, lo que ha sido normal en Talca, como pasó con la Casa Cuadrado en 1 norte y 3 oriente, entre otras”, apunta.

José Soto Gómez, fundador del Club Deportivo Independencia, vive hace más de 54 años en el barrio, cuenta: “hice cabeza para construir la cancha del Club. Queríamos hacerla grande, cosa que se pudieran armar hartos partidos y actividades que unieran a la comunidad. La cancha ahora ya no existe, y en su remplazo están los edificios Andes”. Continúa: “antiguamente no teníamos mucha locomoción, del año 65´ le estoy hablando, en ese período sólo llegaba la Matadero Estadio, línea 4. Hoy somos un barrio céntrico, todo nos queda cerca, hay buena locomoción y acceso, por eso entre otras cosas tenemos que cuidar nuestro barrio, para que no perdamos lo que somos”.

Son las vivencias las que dan sentido de pertenencia a los habitantes de un barrio. De ellas se nutre la historia, el patrimonio cultural y la identidad de una comunidad, de un sector, de un territorio, de un país. La conformación de las ciudades, así como su desarrollo, se nutre de la relación histórica, de las costumbres heredadas de generación en generación en un territorio, de cómo se acercan los vecinos y se relacionan según costumbres y valores, siendo actores sociales diversos y con múltiples intereses. El patrimonio se va reconstruyendo con el paso del tiempo y el cambio en las condiciones de un territorio, ya sea por desastres naturales como el 27F, fenómenos demográficos,  procesos productivos o migración, entre otros factores.

Eric Clark, uno de los autores influyentes en desarrollo urbano, define gentrificación como “la reestructuración espacial de un área urbana mediante la inyección de capital fijo en mercado inmobiliario y de infraestructura, orientada al reemplazo de usuarios de ingresos medio-bajos por usuarios de poder económico superior, en un contexto de mercantilización de suelo” (Gentrification in a Global Context: The new urban colonialism. Oxon: Routledge, 2005, p. 256-264). El crecimiento urbano en estos términos, acarrea el cambio de creencias, costumbres, formas de comportamiento e infraestructuras de las viviendas, donde el olvido del patrimonio arquitectónico, roces entre residentes históricos y nuevos habitantes, y la transformación económica y social de los territorios, van mermando la posibilidad de que los vecinos que van quedando y los nuevos habitantes  de  los barrios vean el futuro como una comunidad integrada.

“Afortunadamente en el barrio Seminario queda parte de la estructura del Seminario Conciliar San Pelayo, creado en el año 1870, parte de una central mixta de energía (chimenea) y restos de la central hidroeléctrica Lircay, que está cerca de la Avenida Circunvalación. La Universidad del Mar, echó abajo la casa de Donoso en la 4 Poniente, casi 1 Norte, donde antes hubo un Molino y antes una hospedería. De los almacenes de barrio queda muy poco”, asegura Sergio Maturana, residente por más de 60 años en el barrio Seminario.

Muchas de las acciones vinculadas a la fase de reconstrucción y recuperación del patrimonio y memoria histórica de un territorio pueden diferir en plazos y en igualdad de oportunidades para grupos sociales afectados dentro de una misma comunidad. Es claro que para la población afectada directamente con la destrucción de sus viviendas lo inmediato es tener un techo donde cobijarse, sin embargo, el Estado en conjunto con acciones privadas, deben prever futuras etapas para la rearticulación y reconstrucción del tejido socio-territorial de un barrio, velando por su memoria histórica y el patrimonio cultural. Marcelo Gutiérrez Lecaros, presidente la ONG Surmaule, agrega “la reconstrucción de memoria histórica es una estrategia de fortalecimiento comunitario. Promover que las comunidades indaguen, reconstruyan y hereden su historia, independiente de su antigüedad, empodera a las comunidades, a la vez que remineraliza el patrimonio inmaterial de los barrios”.

Desde Surmaule se están generando iniciativas que buscan revertir la pérdida de patrimonio, entendiendo que este valor de las comunidades es fundamental para la construcción de identidad. Es así como desde el Programa “Quiero Mi Barrio” del Ministerio de Vivienda y Urbanismo que se está desarrollando en la población Independencia, se busca la recuperación física y social del barrio, facilitando el vínculo de los vecinos con su ciudad, generando un proceso participativo que facilite el encuentro, la participación política en la toma de decisiones, el fortalecimiento de la identidad, la recuperación de memoria histórica y la promoción de la vida en comunidad. La intervención socio comunitaria que se realiza en el territorio, se inspira en el “Buen Vivir” y busca un equilibrio armónico entre el ser humano, su comunidad y el lugar que habita. Gutiérrez declara: “La ubicación central que tiene el barrio Independencia  irá despertando el interés del mercado inmobiliario, y por lo tanto es un territorio propenso a sufrir procesos de gentrificación que pueden terminar con la vocación residencial y comunitaria que posee. Es por esto que creemos necesario pensar en un desarrollo barrial que fortalezca la identidad  y ponga en relieve formas de habitar más comunitarias y colectivas; es fundamental plantear alternativas integradoras, solidarias y a escala humana que se resistan a los influjos del mercado y a la construcción de ciudades tan segregadas y desvinculadas de  las comunidades”.

El Patrimonio inmaterial de los barrios está constituido por las personas, las relaciones, las formas de habitar, las historias y las tradiciones. Este patrimonio da coherencia a la identidad, donde la memoria histórica es el eje central de lo que somos como territorio y las transformaciones que éste manifiesta con el paso del tiempo.

El 28 de mayo es el día del patrimonio, donde Talca y el país se visten de memoria, de historia, costumbres y tradiciones. Pensando en la importancia del patrimonio inmaterial, es un acierto que este año se le rinda homenaje a los juegos típicos, considerados como ritos colectivos que se han traspasado por generaciones. Juegos como “el luche”, el trompo o el emboque han dejado huella y han perdurado, siendo parte de nuestro patrimonio nacional.

Por su parte, las organizaciones sociales y comunitarias han tenido un rol importante en la tarea de preservar la memoria colectiva de los barrios. Así lo relata Carmen Cruz Peñaloza, presidenta de la Junta de Vecinos Santa Ana en el libro “Santa Ana, donde la ciudad tiene memoria” (editado por Surmaule): “Nos hemos encomendado la tarea de transmitir a los más jóvenes que el barrio Santa Ana nos pertenece; debemos cuidarlo, quererlo como a nuestra propia casa. Debemos aportar, en conjunto con las autoridades, en su progreso. Y no es trabajo de unos, sino de todos. Ello exige empaparse de su historia, para sentir que éste es una barrio único” declara.

 

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