MIGRACIÓN: DESAFÍOS, CALIDAD DE VIDA E INTERCULTURALIDAD

El reconocernos como una comunidad que cambia, que se relaciona e interrelaciona, donde la identidad de un territorio se nutre con la convivencia de otras culturas, es la visión que mantiene ONG Surmaule en el trabajo con la población migrante que se está realizando en la región. El número de inmigrantes crece y las demandas se hacen más latentes: más protección social, más y mejor educación, salud y empleo.

“Ante el aumento significativo de población inmigrante en nuestro país, nos damos cuenta que tanto los estamentos públicos como la comunidad chilena, carecen de herramientas para avanzar en procesos de integración eficientes y amables. Por un lado, se deben revisar las leyes migratorias en atención a los tratados internacionales e incorporar políticas públicas sectoriales que apoyen los nuevos proyectos de vida de quienes por derecho han decidido radicarse en nuestro país, y por otro, abrir debate público para que la ciudadanía chilena se disponga a la buena integración de la comunidad inmigrante, desde una convivencia respetuosa y solidaria”, comenta Marcelo Gutiérrez Lecaros, presidente de Surmaule, ante los desafíos que mantiene nuestro país sobre la migración.

En este contexto, el Proyecto de Ley de Migración y Extranjería ha permanecido en silencio a pesar del considerable aumento de los extranjeros que eligen a Chile como lugar de residencia. Si nos basamos en cifras, el 2006 se identificaron 154.643 migrantes, mientras que el 2015 este número aumentó a  465.319, según la encuesta Casen 2006-2015, realizada por el Ministerio de Desarrollo Social.

Estas cifras podemos percibirlas cotidianamente en las calles de Talca,  al caminar por la uno sur observando el comercio ambulante con sus coloridos pañuelos, bolsos y bufandas a los vecinos de nacionalidad peruana, la cual representa  un 30,4% de la población total de inmigrantes en Chile, según datos del 2010 y un 31,7% el 2014, mientras que los datos de la encuesta Casen, similarmente arroja un 30,0% en el 2013 y un 33,3% el 2015 como la cifra más actualizada.

No obstante, en estos datos no se consideran los diferentes tipos de inmigrantes: los llamados “extranjeros transeúntes” y los inmigrantes en situación irregular, los mismos que carecen de beneficios y servicios gubernamentales en materias civiles, de educación, salud, empleo y protección social, sin olvidar el derecho de la nacionalidad. En estos términos, los que poseen menores garantías por este vacío legal, son los hijos de aquellos inmigrantes, quienes pierden absolutamente la oportunidad de tener una identificación, como lo es la cédula de identidad, considerando este documento fundamental para todo tipo de tramitación, pudiendo solamente optar a registrarse en el Registro Civil como “Hijo Extranjero Transeúnte”.

La Constitución de 1980 establece en su artículo 10, el derecho de la nacionalidad chilena para todos los niños nacidos en Chile por el sólo hecho de nacer en territorio chileno, a excepción de los hijos de “extranjeros transeúntes”. El vacío está en que, ni la carta fundamental, ni ningún cuerpo normativo se encarga de definir dicho concepto en su totalidad para una clara y justa regulación.

Cabe considerar, que en cuanto a visas se trata, según los datos arrojados por un estudio colectivo entre la Coordinación Regional de Seguridad Pública, PDI y Gobernación de Talca, entre el 2012 y el 2016, el trámite más realizado es el registro de visa con un 37,2% del total de gestiones de extranjería solicitadas  durante este periodo. Otras diligencias como, el ingreso de cédula de identidad, permanencia definitiva, nacionalización, cambio y prórroga de visa,  se han registrado en menor porcentaje.

Es aquí donde se denota una gran diferencia entre la regularidad e irregularidad, ya que, si bien la población peruana calificó con mayor número de residentes a lo largo del país, no es la  que ha tramitado más cantidad de visas, sino los inmigrantes colombianos loa superan con 912 visas de permanencia temporal y 415 de permanencia definitiva en la región del Maule, posicionándose como la población más regular en cuanto a tramitación, según información propia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública durante el 2016.

 Inserción y participación social

 La Migración es aquel proceso en que las personas o un grupo de personas se trasladan de una zona geográfica a otra. Las causas de estos movimientos y traslados pueden ser económicos, políticos, culturales, bélicos, familiares, entre otras. A su vez, las migraciones pueden ser clasificadas a partir del destino; Migraciones Internacionales” – las personas se trasladan más allá de las fronteras del país en el que se encuentran; Migraciones en un mismo Territorio – un talquino que se traslade a vivir a Concepción y Migraciones de acuerdo a la Voluntad, existiendo migraciones forzadas donde las personas deciden trasladarse porque su vida se encuentra amenazada, caso común cuando se producen desastres naturales, enfrentamientos o bien crisis económicas.

En este sentido es importante disminuir las brechas entre el sentimiento colectivo de lo que significa ser migrante, pues todos podemos llegar a serlo. Independiente de la situación migrante en que se esté, se trata de que las personas accedan a un Buen Vivir y sean actores protagonistas en los barrios donde habitan y cohabitan diferentes culturas, que el Estado sea garante de políticas públicas a acordes al aumento de la comunidad migrante nacional y extranjera, donde se brinde mejor salud, más oportunidades, más seguridad pública, mejor educación y empleo, observando al inmigrante como una pieza clave de desarrollo, dándole la bienvenida a un trozo de mundo que ha llegado al país en busca de mejores oportunidades, y que ha aumentado considerablemente cada año.

Actores sociales como la ONG Surmaule y Colectivo Migra, han sido claves en la inclusión de estos ciudadanos, orientando a esta comunidad migratoria hacia un panorama de información e integración.

“Desde Surmaule hemos trabajado desde hace diez años en procesos de empoderamiento con comunidades que están en desventaja de poder ante otros actores sociales. Hoy, en nuestro trabajo territorial nos damos cuenta de las dificultades que enfrentan a diario las personas extranjeras que buscan nuevos horizontes en nuestro país, muchas de ellas en situaciones socioeconómicas complejas, desprovistas de información y por lo tanto con pocas capacidades de incidencia”, destaca el Presidente de la ONG maulina.

Continúa: “es así como el tema de migración se incorpora a nuestro trabajo a través de un proyecto que desarrollamos en conjunto con la Mesa de Asuntos Migratorios -espacio de trabajo en red compuesto por servicios públicos y organizaciones de la sociedad civil- donde buscamos promover la integración y el fortalecimiento ciudadano con la comunidad inmigrante desde el enfoque de derechos y convivencia positiva basada en la interculturalidad, todo esto mediante procesos formativos, estudios, encuentros y plataformas de información”.

Según el Ministerio del Interior, a través del Anuario de Migración del 2014, el Maule se presenta con 5.021 habitantes extranjeros, evidenciando un aumento de un 48% desde el 2005. En cuanto a la población regional, el 0,5% son migrantes, y del total nacional un 1,2%.

Por su parte Colectivo Migra, como bien simboliza su nombre, es una agrupación  intercultural conformada por ciudadanos migrantes y chilenos, activo desde el año 2014. Emilia Marzullo, integrante de Migra, cuenta que: “Apoyamos el proceso de integración y la convivencia positiva entre la comunidad migrante y la comunidad chilena, contribuyendo además a la promoción de los derechos humanos de migrantes, solicitantes de refugio y refugiados. Para ello, actuamos en dos ámbitos fundamentales: en lo socio-político, con una vocación de transformación territorial y una lógica de promoción de la diversidad; y en lo artístico-cultural, desarrollando una labor voluntaria, solidaria y de activación social a través de la cultura y el arte”.

Testimonio Migrante

Claudia Pérez, inmigrante sueca quien vive actualmente en Pelarco, cuenta su experiencia en Chile:

¿Cómo llegó a Chile?

La primera vez que llegué a Chile fue a los 9 años, nos fuimos a vivir a Viña del Mar.  Nací y crecí en Suecia, con frío y oscuridad, con nieve y patinando en hielo. Mis padres, chilenos exiliados, pudieron entrar a Chile recién el año 1989 y así fue como llegué aquí. Viajamos con toda esa ilusión de mis padres por volver y con toda la curiosidad mía por conocer éste lugar del que tanto había escuchado hablar. El viaje fue larguísimo y cuando llegamos a Santiago había muchos familiares esperándonos, familiares que no conocía.

Muchísimos tíos y primos! Increíble.  Fue realmente sorprendente.
Me sorprendió mucho el centro de Santiago tan gris y con tanta gente pidiendo dinero en la calle. También me sorprendió que nada más llegar me diera una clase magistral de cómo debía cuidar mis cosas, llevar la mochila adelante y desconfiar, siempre desconfiar. Una de las cosas que me complicaba mucho era cuando llegábamos a un lugar lleno de gente y había que saludar de beso a cada uno de ellos.
La segunda vez que llegué a Chile fue a los 13 años. Fue muy difícil. Ésta vez veníamos a quedarnos, vivimos en Santiago y llegué a estudiar a un colegio en pleno centro. Mis compañeros tenían mucha curiosidad por saber de dónde venía y no dejaban de preguntar o de pedirme que les hablara en ese idioma raro que yo hablaba. Fue difícil por el idioma, por el humor tan diferente y la poca tolerancia y paciencia que mis compañeros tenían.
Tardé aproximadamente dos años en sentirme a gusto.

¿Cuáles son algunas de las dificultades que ha tenido para su inclusión?
No he tenido grandes dificultades con respecto a la inclusión en éste viaje. Cuando me vine a los 13 años fue más difícil. Era una niña pre adolescente, entonces sí que fue duro. Ésta última vez que vine con intención de vivir en Chile ya conocía a lo que venía, ya conocía la jerga, el humor cruel, los códigos tan distintos. Una de las cosas que me cuesta hasta el día de hoy es tratar de usted, por un lado me cuesta conjugar los verbos y por otro lado nunca quise hacer el esfuerzo por adaptarme a esa costumbre.

¿Qué le gustaría que fuera diferente? 
Me gustaría que no hubiera tanto clasismo. Sé que existe en todo el mundo, pero aquí es muy marcado.
El director de… el alcalde de tal lugar, el gerente, el ingeniero andan mirando para abajo al resto (por supuesto no todos, pero una gran gran parte de ellos si). Si no existiera ese clasismo tan marcado sería maravilloso. Es tan fuerte que normalmente no se juntan en una misma mesa un gásfiter con un arquitecto, un médico con un carpintero.
Por lo mismo eso de tratar de usted me parece tan poco sincero, no me gusta nada porque da la impresión que ayuda a que el clasismo siga fuerte.
Da igual si tenemos 4 años u 80, si nacimos a un lado del mundo o en el otro, si tenemos un cargo de alta responsabilidad en una empresa o si trabajamos de manera independiente. Tolerancia y respeto ante todo.

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