¿Por qué insistimos en hablar de violencia de género?

surmaule Columnas de opinión, Susan Luna Leave a Comment

Hablar de violencia involucra además del acto físico realizado sobre el cuerpo de quien es agredido, ataques que afectan la dignidad, integridad o libertad de las personas.  Si bien la violencia afecta a hombres y mujeres, su impacto varía de acuerdo al género de la víctima, ya que en el caso que la agresión sea cometida hacia una mujer, el daño se vincula a la presencia de un sistema de relaciones sociales desiguales, expresado en el sentido de propiedad, la dominación y control que se ha ejercido históricamente.

La violencia de género es un concepto más amplio que el de violencia contra la mujer y se define como cualquier tipo de agresión física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su género o sexo, que impacta negativamente en su bienestar social, físico o psicológico. Según la ONU, constituye una violación a los Derechos Humanos en tanto causa sufrimiento, daño o amenazas, coerción o privación de las libertades y se manifiestan mayormente en mujeres y niñas, extendiéndose a la población lesbiana, gay, bisexual y transexual (LGBT).

La violencia de género impregna nuestra cultura y está presente desde la infancia hasta la vejez, a través del lenguaje cotidiano donde lo femenino es degradado y ridiculizado mediante frases y juicios que se han naturalizado, como”corres como una niña”, “debes ser fuerte como un hombre”.  El daño emocional que pueden causar este tipo de manifestaciones representa el primer paso de un largo camino de agresiones capaz de llegar a la brutal cifra de 38 femicidios registrados en Chile  durante el 2017 o en los miles de casos de de violencia intrafamiliar (VIF) ocurridos el 2016,  cuatro veces más frecuentes que los robos de vehículos, ocho veces más que los delitos con armas y 260 veces más que los homicidios, según datos de la Subsecretaría de Prevención del Delito. Lamentablemente, estas cifras lejos de escandalizarnos, se minimizan mediante disposiciones legales que justifican la acción del agresor considerando factores como el honor, la pasión, los celos, la provocación, etc., que finalmente permiten eludir la responsabilidad penal.

En la contingencia, una muestra de la violencia de género en nuestro país, es el polémico paso del Bus naranja, que promueve consignas como “Con mis hijos no se metan”, “Menos Estado, más Familia”, “Nicolás tiene derecho a un papá y una mamá”, argumentando la libertad de expresión como fundamento para difundir la discriminación. Mientras tanto, a fines de Junio se cumplió un año del asesinato de Nicole Saavedra (23 años) en Limache, ultimada por ser lesbiana y años antes, también en la quinta región, María Pía Carrasco y Susana Sanhueza sufrieron  la misma suerte, casos de los que sabemos poco o nada y sobre los cuales no hay respuestas.

Este nivel de violencia exige acciones urgentes que permitan construir una sociedad más justa   que cuente con  instrumentos adecuados  para sancionar a los agresores y que  garantice a todas las personas la posibilidad de hacer valer sus derechos. El cambio es posible de construir en la medida que la ciudadanía y del sector público avancen comprometidos hacia una  transformación cultural que garantice que ser mujer en nuestro país, no sea motivo de riesgo.