Reforma Agraria 50 años

En Julio del este año se cumplirán 50 años desde la promulgación,  de la Nueva  Ley de reforma agraria 19.640,  que tuvo como objetivos principales modernizar el agro chileno y enfrentar las desigualdades sociales, a través de la redistribución de la tierra y el fortalecimiento de la organización sindical campesina.

La situación previa a la implementación de esta política pública estuvo marcada por la incapacidad del agro chileno para mantener un nivel de producción eficiente, dada la alta concentración de la propiedad de la tierra y sobre todo por los niveles de explotación a los que era sometido el campesinado. Las tierras productivas pertenecían a unas pocas familias, quienes  mantenían un sistema de producción arcaico basado en el inquilinaje, donde  el campesino cultivaba para el patrón a cambio de vivienda, elementos de subsistencia y herramientas.

La Reforma Agraria fue un proceso continuo que tomó fuerza y profundidad en los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, incorporando a organizaciones y  familias campesinas a un proceso de promoción social impulsado por la necesidad de justicia social. El slogan “la tierra es para quien la trabaja”  involucraba elementos  más profundos que el desarrollo económico, que se vieron reflejados en la inclusión de este grupo social a la vida social, cultural y política del país.

Este proceso de transformación productiva y promoción social fue cortado violentamente por la dictadura militar, a través de una contrarreforma fundada en la represión y la redistribución de las tierras,  donde casi dos tercios de las propiedades entregadas a los campesinos fueron rematadas o devueltas a sus propietarios. El tercio restante quedó en manos de casi cuarenta mil parceleros, de los cuales una minoría conserva sus tierras.

Hoy en día, a medio siglo de iniciada esta  transformación, vemos como más de un 40% de la propiedad de la tierra productiva y el agua están en manos de privados y grandes empresas agrícolas, mineras y forestales, desplazando y proletarizando a las comunidades campesinas y  pueblos originarios, generando conflictos culturales, económicos, ambientales y sociales.

Este nuevo contexto exige reflexionar sobre las condiciones actuales de los habitantes de las zonas rurales con el propósito de generar mecanismos para enfrentar nuevas y viejas realidades marcadas por la  desigualdad, la pobreza y el deterioro ambiental. Y de esta forma poner freno a un modelo productivo extractivista para dar paso a  formas de producción sustentables y respetuosas con la dignidad de las personas y comunidades.

 

Por Susan Luna Muñoz. Coordinadora Ejecutiva ONG Surmaule

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