Reformas

Francisco Letelier Troncoso – Diario El Centro, 09/09/2015

En Chile hay evidencias contundentes de que la forma que ha tomado el capitalismo neoliberal ha provocado daños profundos. Veamos algunos ejemplos. El 53,5% de los trabajadores gana menos de $300.000. El 70% menos de $426.000. En el Maule el 70% gana menos de $350.000 líquidos. (Fundación SOL). Al mismo tiempo la deuda promedio por hogar ha aumentado de 3 millones en 1997 a 7.6 millones en 2010.

Sólo un 13% cree que en general se puede confiar en la gente, frente al 36% en los países de la OCDE  (World Value Survey). A su vez, un 70% de los chilenos piensa que las personas tratan de aprovecharse de ellos, mientras que en países desarrollados esta respuesta alcanza a un 35%.

Uno de cada tres personas sufre problemas de salud mental en algún momento de su vida. Desde 2008, los problemas psicológicos se convirtieron en la primera causa de incapacidad transitoria entre los beneficiarios del sistema público de salud. Chile es el país de la OCDE donde más ha aumentado la tasa de suicidio –sólo después de Corea del Sur–. (CIPER Chile).

A lo anterior agreguemos: desigualdad, inequidades territoriales, crisis de representación, concentración económica, sobre explotación de la naturaleza, entre muchos otros problemas.

El ciclo de reformas que se ha iniciado, es el síntoma de que nuestra sociedad quiere salir del sueño neoliberal en el que ha vivido durante más de 40 años. No se trata de destruir lo existente, pero sí de modificarlo de manera sustantiva. La función de la política no es producir empates, es ayudarnos a definir un horizonte de llegada y caminos posibles para enfrentar nuestros problemas.

En democracia podamos discutir en torno a la velocidad de las reformas y a su sentido. Lo que debemos evitar es que la discusión devenga en arreglo, dejando a la argumentación en una posición marginal. Cuando esto sucede, los problemas de fondo quedan intocados, y lo único que ganamos es una paz precaria y de corta duración.

La prueba de fuego para Chile es que en medio de la desconfianza reinante y de las incertidumbres económicas, seamos capaces de llevar adelante cambios que nos pongan en el camino del desarrollo. No saldrán bien parados de este ciclo político quienes promuevan el temor, difundan la desesperanza o escondan sus intereses detrás de la idea de orden. Saldrán airosos aquellos que, pese a las dificultades, tengan la inteligencia, el tesón y la creatividad de trabajar para iniciar un nuevo ciclo social, político y económico que ponga en el centro el bienestar colectivo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *