Trabajo Comunitario para la transformación social

Marcelo Gutiérrez Lecaros – Diario El Centro, 26/08/2015

La persecución, represión política y terrorismo de Estado llevado a cabo por la dictadura militar a partir del año 1973 dejó graves secuelas, no sólo en quienes sufrieron torturas, muerte y desaparición de seres queridos, sino también en una sociedad que desde ese momento fue arrebatada de su vida comunitaria y sometida sistemáticamente a vivir bajo las premisas de un sistema económico que, hasta ahora, ha favorecido la acumulación de capital de los más cercanos al poder, ha promovido el individualismo como valor subyacente del emprendimiento productivo y ha mercantilizado derechos, bienes públicos y recursos naturales.

Las transiciones políticas del cono sur están marcadas por la reinstalación de democracias incompletas debido a la presencia de enclaves heredados del régimen autoritario (Garretón 1996). El esfuerzo por evitar la regresión dictatorial y dar señales de estabilidad social y financiera manteniendo la economía capitalista y el pensamiento neoliberal, propició una nueva matriz socio política, caracterizada por sujetos sociales desarraigados de lo público y  una relación entre  Estado y Sociedad que se va dañando cada vez más con las injusticias percibidas y la desacreditación de las instituciones y los decisores públicos envueltos en hechos de corrupción.

En este contexto, la recomposición del tejido social y la vida comunitaria como elementos básicos de una democracia más completa se hace difícil, pero a la vez desafiante. Se debe lidiar con miedos instalados y con el recelo hacia prácticas que alguna vez fueron subversivas y por lo tanto perseguidas; como organizarse para manifestarse por algún derecho vulnerado, hacer educación popular o resolver de manera solidaria y autogestionada alguna problemática común.

No obstante, cuando se realiza el trabajo comunitario desde una ética participativa, reconociendo el protagonismo de las personas en sus propios procesos de cambio, nos podemos dar cuenta que existe un vocación de transformación social muy potente, sobre todo en las comunidades de los sectores más empobrecidos.

En este contexto de democracia neoliberal, el trabajo comunitario con vocación de transformación social se va gestando, primero, en el ejercicio de ayudar a desnaturalizar los desequilibrios de poder y las consecuencias de un capitalismo que, como decía Paulo Freire, crea “miseria en la abundancia”.  Y luego, dejando los miedos y alejando la lógica neoliberal para pensar lo social y lo político; dejando de ser ciudadanos individualistas y clientelares, para ser parte de comunidades empoderadas y participantes de la, nunca acabada, reconstrucción democrática del país.

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