Un diálogo con la participación infantil

Jennifer Gualteros Pastrana – Diario El Centro, 13/07/2016

Cuando ha pasado más de medio siglo desde que se promulgó la declaración Universal de los Derechos Humanos, y desde que apareció la declaración Universal de los Derechos del Niño, resulta sorprendente que se sigan vulnerando las normas que permiten que los niños y las niñas crezcan de manera saludable tanto física, mental y socialmente a través del cumplimiento de los derechos fundamentales. Pero aún más asombroso es el desconocimiento del derecho a la participación infantil, tema que para nuestros días pareciera pertenecerles a los adultos.

La convención de los Derechos del niño fue ratificada por Chile en el año 1990, lo que implicó aprobar y compartir principios fundamentales, dentro de los cuales están: la no discriminación, el interés superior del niño, su supervivencia desarrollo y protección, además de su participación en decisiones que lo involucren. Este último aspecto, la participación infantil, es quizá uno de los derechos menos conocidos en América Latina y más necesario para la re-construcción de ciudadanía.

El desconocimiento acerca del derecho que tienen todos los niños y niñas a ser escuchados en nuestra sociedad es multicausal, y se relaciona básicamente con dos aspectos: 1. La percepción de los adultos acerca de la infancia, desde la cual los niños y niñas son vistos como aquellos sujetos que por ser indefensos requieren únicamente protección, y 2. La creencia de que los niños y niñas carecen de capacidades y elementos necesarios para entender sus realidades y proponer soluciones efectivas.

A mi juicio, lo anterior indica que hemos construido dos mundos distintos: el infantil y el adulto, en donde el segundo se auto percibe en gran medida como el ente capacitado para decidir la construcción y orden de las sociedades, no obstante, cabe destacar que en la actualidad existen organizaciones sociales nacionales e internacionales, que reconocen la participación infantil chilena como un tema actual y real.

En el presente, requerimos que la participación infantil sea un tema de todos y todas, empezando por creer que los niños y niñas son capaces de formar juicios y generar ideas propias. Esto último lo hemos constatado realizando procesos de diagnóstico participativo con niñas y niños, quienes nos han demostrado su gran capacidad para visualizar problemas y proponer soluciones creativas en ámbitos cercanos como la escuela, la familia, el barrio y hasta en temas macro. Escucharlos, puede permitir la gestación de una ciudadanía más respetuosa con la diferencia, inclusiva, tolerante y dispuesta a ejercer una comunicación más allá de las percepciones del mundo adulto.

Por consiguiente, la invitación es a seguir reconociendo a los niños y niñas como sujetos de derecho, donde no sólo declaremos el compromiso por velar por el cumplimiento de sus derechos fundamentales, sino además por motivar el encuentro dialogante del mundo adulto con el infantil, construyendo de manera conjunta nuevos saberes que nutran la existencia de un país democrático.