A 5 años del 27F: una lectura de la reconstrucción

Stefano Micheletti – Diario El centro, 25/02/2015

Cinco años han pasado desde el 27 de febrero de 2010. Como plantearon diversos expertos en ese entonces, y como el sentido común sugirió poderosamente con el pasar de los meses, el proceso de reconstrucción aún no termina, y demorará algunos años más debido a la magnitud de los daños.

Sin embargo, haciendo una lectura con la perspectiva que el pasar del tiempo nos da, es posible pensar que el fenómeno natural fue solamente una parte de la tragedia. El “segundo terremoto” fue la adopción de un modelo de reconstrucción que a todas luces fue incapaz de hacerse cargo de la complejidad del evento, centrándose fundamentalmente en la reposición de infraestructura y viviendas perdidas.

Uno de los fenómenos más complejos de este proceso ha sido el desplazamiento de una gran cantidad de personas que no contaban con la propiedad de los terrenos que habitaban – ya sea por su condición de allegado o por temas de sucesión –desde sus lugares de origen hacia la oferta inmobiliaria disponible. Es decir, desde los centros históricos y desde las zonas rurales, hacia la periferia urbana.

Estamos hablando de casi 40 mil familias a nivel nacional y más de 10 mil en la Región del Maule. Familias de damnificados que en el post terremoto comenzaron a vivir (o vivirán) en nuevos conjuntos habitacionales de vivienda social. Son números impresionantes si pensamos que se entregaron 240 mil subsidios y que aproximadamente la mitad fueron de reparación. Se trata de un fenómeno complejo desde el punto de vista social, ya que implica la pérdida de la localización, del capital social y parte de la identidad barrial, pero también desde el punto de vista de la construcción de nuestros territorios, con la profundización del despoblamiento del campo y la segregación de las ciudades.

Es un proceso cuyos efectos negativos se comienzan a explicitar con el pasar de los años, y hoy día queda el gran desafío de mitigar las secuelas de este modelo de reconstrucción centralista y neoliberal, a la vez de incorporar los aprendizajes que han surgidos en estos cinco años a las políticas públicas.

En cuanto al primer punto, será fundamental trabajar con las nuevas comunidades para problematizar la realidad, entender la producción del nuevo hábitat como una construcción social, modificable, y por último empoderarlas para que se orienten a ser protagonistas de sus propias historias colectivas.
Respecto del segundo, queda el reto de mejorar la relación entre Estado y Sociedad civil en la construcción, implementación, co-gestión y evaluación de políticas descentralizadas, más pertinentes y por ende más efectivas.

Esto pasa también por valorizar las experiencias participativas que sí han existido durante este proceso posterremoto, validando pequeños modelos de innovación en la gestión pública, que al final del día significan una mejora sustantiva en la calidad de vida de las comunidades locales.

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