Decrecimiento y reforma tributaria

Marcelo Gutiérrez Lecaros – Diario El centro, 02/04/2014

El caracol construye su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse -esta vez en decrecimiento- ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión tan grande, que en lugar de contribuir a su bienestar, lo sobrecargaría. Esta llamada “lógica del caracol”, planteada por Ivan Illich en los años 70, es la que han adoptado quienes abogan por el decrecimiento, en contraposición a las lógicas  capitalistas de acumulación sin límites, sobreproducción, extractivismo y sobreconsumo.

El Decrecimiento plantea que debe existir una nueva relación de equilibrio entre en Ser humano y la Naturaleza, así como entre las personas y sus comunidades. Este equilibrio se lograría abandonando el paradigma desarrollista y centrado en el crecimiento económico, que como bien sabemos no asegura equidad, pues implica que unos pocos ganen mucho para otros obtengamos bienestar por “chorreo”.

El nuevo paradigma pone al centro al ser humano en comunidad, con procesos económicos dirigidos al bien común y respetuosos de la naturaleza;  buscando, no una mejor vida para algunos, sino el Buen Vivir para todos y todas, como lo plantean los pueblos originarios. Tarea difícil y lenta, sobre todo en este país dominado por el pensamiento neoliberal.

La reforma tributaria recién enviada por el ejecutivo al congreso nos puede ayudar a visualizar las difíciles aguas por las que los incipientes movimientos vinculados al decrecimiento deben navegar. La reforma busca recaudar cerca de 8.200 millones de dólares, lo que financiaría las otras reformas anunciadas en el programa de Gobierno.

Esta tiene como una de sus principales medidas el aumento gradual de los impuestos a las grandes empresas de un 20% a un 25% al 2017 (que aún sigue siendo una de las más bajas de los países de la OCDE en cuanto a carga impositiva a las empresas), por lo que resulta lógica una respuesta escéptica y defensiva por parte de los grandes grupos económicos, que visualizan desde su paradigma capitalista un freno al crecimiento económico, que para ellos –amenaza a la base- fundamentalmente se traduciría en cesantía; obviamente, no para ellos ni para sus familias.

Por su parte el Gobierno -cuya intención explícita es “mejorar la distribución del ingreso por la vía de la equidad tributaria”, así como aumentar en 3 puntos el PIB,  responde a las críticas argumentando que esta reforma no va a frenar el crecimiento económico y que existirán incentivos para la mediana y gran empresa, mejorando el margen de reglas para que los agentes económicos puedan “crear riquezas, innovar y emprender”.

Los economistas coinciden en que el mayor obstáculo de la reforma será el freno al crecimiento, lo que en este modelo capitalista se traducirá, no en una redistribución, sino en una mayor cantidad de caracoles sin concha.

Aquí nos damos cuenta que: 1. Una reforma bien intencionada sobre un modelo capitalista y neoliberal puede ser neutralizada por quienes manejan el sistema, y 2. Entre la derecha empresarial y los sectores progresistas que buscan mayor presencia de lo público, las concepciones sobre el Estado pueden diferir, las políticas implementadas pueden ser distintas, los conceptos utilizados pueden variar, pero el paradigma a la base sigue siendo el mismo paradigma desarrollista y centrado en los índices macroeconómicos.

Mientras, para quienes creen en el decrecimiento y el Buen Vivir la tarea es difícil, minuciosa y a contrapelo. Comunidades empoderadas, redes de economía solidaria, movimientos por el Buen Vivir, grupos ambientalistas y muchos otros hoy optan por un cambio paradigmático. Pero, así como el caracol, caminan lento, porque la carga es pesada y el camino hacia arriba.