Una nueva Ley de Migración y Extranjería para Chile

Stefano Micheletti – Diario El Centro, 18/06/2015

Se prohíbe el ingreso al país de los extranjeros  que “ejecuten actos contrarios a la moral o a las buenas costumbres”, y también a los que “propaguen o fomenten de palabra o por escrito o por cualquier otro medio, doctrinas que tiendan a destruir o alterar por la violencia, el orden social del país o su sistema de gobierno, los que estén sindicados o tengan reputación de ser agitadores o activistas de tales doctrinas”. Estas son algunas de las “frases para el bronce” que constituyen el Decreto Ley 1.094 del año 1975, que aún regula el ingreso y la estadía en el país de cientos de miles de migrantes.

Un vocabulario anacrónico, un paradigma militar extemporáneo  y sobre todo una concepción muy reducida de las complejidades del fenómeno caracterizan este Decreto, que cumple 40 años y ostenta el patético record de ser la ley migratoria más antigua de Latinoamérica.

Chile en cuatro décadas ha cambiado en muchos sentidos, y actualmente es el hogar de casi 450.000 personas que desarrollamos aquí nuestro proyecto migratorio, y es un fenómeno que también en la región se está desarrollando con fuerza: si en el año 2009 residíamos en el Maule 3.442 extranjeros, en el 2014 ya éramos más de 5.000.

Sin embargo, el Decreto Ley sigue siendo el mismo, y hoy se hace urgente una modificación radical que no se ha visto reflejada en términos cualitativos en el proyecto de Ley impulsado por el gobierno Piñera, que tenía un carácter eminentemente economicista. La decisión del actual gobierno de modificar ese proyecto fue acogido con entusiasmo por las organizaciones que trabajan en el tema, pero pese a ello, y luego de un proceso consultivo que se desarrolló solamente en seis ciudades del país, el discurso presidencial del 21 de mayo pasado ha representado un hito relevante dentro de un proceso que venía en alza. Ni una sola palabra sobre migración, lo que sabemos todos, significa baja prioridad en la agenda pública.

Hoy necesitamos  una nueva Ley de Migración y Extranjería en Chile, y la tarea será seguir empujando esta demanda a la vez de fortalecer los espacios de encuentro y la concepción intercultural de nuestro país. Habrá que hacerlo también en la Región del Maule, donde los procesos ligados a la migración hasta el momento han sido trabajados débilmente, y que sin embargo parece ser un espacio muy interesante para construir con serenidad y responsabilidad un futuro de convivencia colorido, diverso y positivo. Las organizaciones sociales ya se están moviendo: expresiones como el colectivo MIGRA, el Centro Multicultural Mujer Contigo y las iniciativa de otros grupos acerca del tema están marcando pauta y están buscando un diálogo con el Estado y la Academia para avanzar. En esto, todos podemos contribuir.

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